Una relación que conoció de fidelidad y tensiones políticas

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El Estado paraguayo y el Vaticano tienen una larga relación que conoció de fidelidad y de tensiones por situaciones políticas. Durante la época del Dr. Francia, la fe casi fue proscripta, y en la dictadura stronista hubo persecución a la jerarquía. Mañana, el papa Francisco y el presidente Horacio Cartes se reunirán.

La Iglesia Católica, sin dudas, tuvo una activa participación en la formación de la Nación paraguaya. Los religiosos llegaron a nuestro país con los primeros conquistadores, en 1537, y a partir de ese momento la personalidad de los nacidos en tierras paraguayas estuvo marcada por la fe cristiana y a la obediencia clerical.

En la época independiente, la jerarquía acompañó la emancipación, hasta que empezaron los primeros roces, sobre todo bajo el gobierno del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia (nació en 1776 y murió en 1840), que según Efraím Cardozo persiguió a los clérigos y hasta llegó a proscribir la práctica pública de la fe. Los sacerdotes fueron secularizados, se suprimieron las procesiones, se ocuparon los conventos; nadie podía ser religioso sin el permiso del dictador y, finalmente, con la clausura del seminario San Carlos, nadie podía ser sacerdote.

Sin dudas, fue el peor momento y pasar de la Iglesia Católica en el Paraguay.

Armonía y cooperación

A la muerte del dictador, con Carlos Antonio López (nació en 1792 y murió 1862) en el gobierno, la intención era recuperar la buena relación con la Iglesia Católica, y fue el primer mandatario que intercambió cartas con el papa Gregorio XVI. En una misiva que envío al Pontífice, según documentos descubiertos por el padre Carlos Heyn, López pedía auxilio para que el Santo Padre se preocupara del lejano Paraguay, que no tenía obispos y reclamaba pastores.

El Papa, que ya sabía de la labor de los franciscanos y jesuitas, incluso estaba al tanto de la existencia de mártires, y que Asunción ya fue diócesis madre, dispuso consultas para nombrar a los obispos. Así, López logró la consagración de tres prelados, uno de ellos, su hermano Basilio. El romance con el Vaticano en esa etapa de la historia nacional también conoció de grandes obras, como la construcción de los templos de la Catedral, Trinidad y Recoleta.

Fin del entendimiento

Las relaciones eran armónicas y la Iglesia volvió a recuperar su protagonismo. Pero esta pascua no duraría mucho tiempo, porque cuando asumió Francisco Solano López (nació en 1827 y murió en 1870), a la muerte de su padre, ya en plena guerra con Brasil, Argentina y Uruguay (1865-70), abrumado por los rumores conspiraticios, llegó incluso a ordenar el fusilamiento del obispo Manuel Antonio Palacios. Pero, antes, Solano López ya tuvo un gran altercado con el Vaticano, cuando en 1866 aparece en el diario argentino La Tribuna la bula del papa Pío IX de 1865, por la cual el pontífice hacía a la Iglesia de Asunción sufragánea de la de Buenos Aires, que fue erigida en arzobispado.

En 1547, diez años después de su fundación, Asunción ya era diócesis para el Río de la Plata, y lo que más enojó fue hacerla depender de Buenos Aires, pueblo coaligado contra el Paraguay. Por esta situación, López protestó ante el Vaticano, a donde envió una furibunda carta. La decisión de hacer depender la Iglesia paraguaya de Buenos Aires se tomó en la nunciatura del Brasil.

Independencia eclesial

Otro acontecimiento significativo en la vida de la Iglesia local fue la creación de la Primera Provincia Eclesiástica del Paraguay, en 1929. Por esta disposición de la Santa Sede se crea la Arquidiócesis de la Santísima Asunción y las diócesis de Villarrica y de Concepción.

La llegada a esta categoría fue, sin dudas, un paso importante para la Iglesia Católica en el Paraguay. Era el inicio de la erección de otras jurisdicciones y, al mismo tiempo, acrecentaba la presencia de la fe en otras instancias como en las Fuerzas Armadas. Fue así como el 26 de noviembre de 1960 se creó el Vicariato Castrense, y en 1992 se elevó a la categoría de Obispado, con jurisdicción sobre los militares y policías.

El esperado día

El momento más significativo y, al mismo tiempo, el día más esperado en la vida de la Iglesia fue el arribo a estas tierras del papa Juan Pablo II, el 16 de mayo de 1988. Su presencia en estas tierras fue para consolidar la fe y la labor de la Iglesia, que en los últimos tiempos de la dictadura stronista sufría terribles persecuciones, expulsión de sacerdotes y ataques inmisericordes a sus pastores, especialmente al recordado arzobispo de Asunción, Mons. Ismael Rolón. La presencia del pontífice trajo muchos beneficios al país, como la canonización de Roque González de Santa Cruz y compañeros; además contribuyó a la caída de un régimen que ya 35 años oprimía al pueblo.

Extralimitaciones

En la etapa democrática, las relaciones fueron armónicas, pero en algunos momentos hubo extralimitaciones, como cuando la jerarquía paraguaya tuvo activa participación en la renuncia del gobierno democrático de Raúl Cubas (marzo de 1989). La salida de este mandatario se cocinó en la Nunciatura. Los sectores políticos y la jerarquía llevaron así al poder a un gobierno ilegítimo, encabezado por Luis González Macchi.

Tan grande fue el error del Vaticano que, a poco tiempo de la asunción de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), la Santa Sede reconocía que con su gobierno se recuperaba la institucionalidad de la República. Aquí, en Asunción, su representante, Mons. Antonio Lucibello, también decía el 28 de agosto de 2005 que con Duarte Frutos “se restableció la legalidad de la magistratura en el Estado”.

Esta postura de la Santa Sede obligó al entonces presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya, Mons. Ignacio Gogorza, a decir igualmente el 13 de noviembre de 2005 que González Macchi fue ilegal, y no dudó en afirmar que lo aceptaron porque pareció que era la mejor salida. Con esta decisión asumió el poder una camarilla de ladrones.

Finalmente, la renuncia al episcopado del entonces Mons. Lugo, obligado primeramente a dimitir por escándalos que no salieron a luz, al frente del obispado de San Pedro, y luego su lanzamiento a la política, fue otro escenario incomprensible para el Vaticano. El religioso rebelde fue suspendido, pero al proclamarse presidente de la República la Santa Sede no tuvo otra alternativa que reducirlo al estado laical. Se revelaron luego más hechos inmorales que había cometido cuando era aún obispo emérito.

Para la Iglesia “fue un puñal”, como diría el obispo Rogelio Livieres, y con él se rompió la tradición de que los jefes de Estados fueran invitados por los pontífices al inicio y al final de su mandato. Para su renuncia, en junio de 2012, fue fundamental la coalición político-religiosa, porque cuando en el Parlamento se desarrollaba el juicio político, por otra parte, una delegación de la Conferencia Episcopal Paraguaya estaba con el mandatario en Mburuvicha Róga, exhortándole “a dar el paso al costado y que evite derramamiento de sangre”.

Asumió la presidencia el vicepresidente Federico Franco. Su gobierno se caracterizó por el atraco a las arcas del Estado y el robo a los más pobres, como a los indígenas (desaparición 3.100 millones destinados a nativos del Chaco). Franco estuvo en la asunción del papa Francisco, que mañana recibirá al presidente constitucional Horacio Cartes.

Cartes y Francisco

El presidente Horacio Cartes, acompañado de sus familiares, arribará hoy a Roma para participar mañana de la audiencia con el papa Francisco. El encuentro será en el albergue Santa Marta, donde vive actualmente el Pontífice. La cita está marcada para las 11:00 de Roma (7:00 de Paraguay), luego se entrevistará con el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolín; y en horas de la tarde recorrerá la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina y otras dependencias del Estado Vaticano.