El reclamo de la mayoría de los estudiantes fue que los universitarios de escasos recursos no acceden a una educación digna.
“Nosotros nos endeudamos para estudiar. Por ejemplo la Universidad Católica es una de las mejores, pero endeuda a sus alumnos y eso está muy mal. Existen otras universidades que les hacen firmar pagarés a sus estudiantes para poder rendir, eso es lamentable”, reclamó Liz Guillén, de Arquitectura UNA.
“El nivel de deserción es muy elevado en las facultades del interior. Para empezar, que se apliquen aranceles en las universidades privadas, pero no así a los que somos de la UNA”, solicitó César Quiñónez, del Instituto Superior Andrés Barbero.
El proyectista Amarilla dirigiéndose a los rectores y decanos presentes dijo que “usan el falaz argumento de que la UNA quedaría desfinanciada. Sin embargo, en los bancos tienen entre US$ 12 a 15 millones que provienen de los aranceles. Recursos no les van a faltar”.
La diputada Desirée Masi (PDP) reclamó que “en el Hospital de Clínicas se cobran consultas que no van para la universidad ni para la salud, la mayoría es utilizada para salarios”.
El rector de la Universidad Nacional de Itapúa (UNI), Hildegardo González, explicó que “sería injusto también que alumnos que vengan de colegios donde pagaban G. 3 millones en sus cuotas, quieran entrar gratuitamente después a la UNA”.
