Medias remendadas

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Para explicar la importancia de la honestidad, monseñor Valenzuela comentó ayer una anécdota. Relató que “en los comienzos de la Guerra del Chaco, un diplomático extranjero, reunido con otros, sostuvo, en contra de la mayoría de sus colegas, que Paraguay no iba a perder la guerra, porque ese día había visitado al ministro de Guerra y observó que aquel llevaba unas medias remendadas”. Y al respecto dijo: “Este país tiene gobernantes honestos”, era su conclusión y no podía sino salir victorioso en la contienda.

Valenzuela precisó que no consta si es verdad o no la anécdota. Si lo fuera, no harían falta más palabras: se concluye que la honestidad es ingrediente para el gobierno y más todavía, cuando se encuentra en graves problemas. Pero aun si la anécdota en sí no fuese real, el hecho incuestionable sigue siendo que la honradez del gobierno nacional de aquel tiempo fue factor moral decisivo para el éxito de la defensa del Chaco. Lograr que el gobierno y, en general, todo el funcionariado público sea honesto, es hoy tan imperiosa como indispensable. Sin honestidad, no se gana nunca.