Contra la enfermedad: Participar y vivir diferente

El dengue es el tema del momento, la parca que se está llevando gente. Campañas a última hora pretenden paliar la ausencia gubernamental y la falta de conciencia ciudadana. En un programa televisivo, un médico repetía consejos sobre la prevención del dengue: “Vamos a seguir diciendo lo mismo hasta que la gente entienda”. ¿Será que la gente no entiende o no le importa? En Paraguay existen varias plagas intangibles. Hay muchas más, pero las más resaltantes ahora, rezan: 1) “El paraguayo es valé, nada le mata” (en la época del cólera ya lo decían). 2) “Igual nomás si te vas a morir, te morís” (la lógica del haragán), 3) “Por culpa de los vecinos puercos es que tenemos dengue” (la postura popular con más fuerza y réplica. 4) Por culpa de las autoridades corruptas tenemos dengue (el otro lado, el pensamiento, digamos, político). A partir de estas 4 posturas, salen derivados hacia todas las direcciones.

Lo cierto es que estamos en una situación compleja que nos divide más que nada por la línea de vida y pensamiento. Muchos profesionales están emitiendo sus comentarios y vale la pena saber a quién dar crédito. Uno de nuestros grandes problemas es que no nos gusta investigar, queremos respuestas rápidas y efectivas, sin proceso. Lo más sensato es aprender que el embrollo tiene razón en que el hábitat original del Aedes es la selva y que a medida que lo ha perdido, emigró a zonas urbanas. No solo el Aedes Aegypti es el transmisor del dengue, pero sí el que se adapta mejor a las casas cuando encuentra dónde anidar, e incluso puede pasar toda la vida viviendo ahí o rondando el lugar. He ahí la importancia de no facilitarles lugares para que aniden.

Un dato también dice que en las últimas décadas el virus se ha extendido desde Asia hasta África, América y Europa, debido al comercio internacional de neumáticos usados, pues estos suelen acumular agua de lluvia y ahí anidan los mosquitos.

Además, hay otras causas por las que la población no está preparada para esta y las próximas epidemias. Una muy fácil de ver es la física, tienen las defensas bajas (desnutrición), no se hidratan lo suficiente (el tereré refresca, mas no hidrata y no hay forma de que disminuyan –por voluntad propia– el consumo de gaseosas), es decir no tienen el hábito de hacer prevalecer el agua sobre su costumbre o vicio.

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Penosamente, la campaña oficial no pasa de un teatro. Las municipalidades no dan abasto, no están ni estaban organizadas.

Por otro lado, la muerte no llega solo por el dengue, tenemos muchas epidemias o enfermedades endémicas todo el tiempo. Nuestro sistema de salud precario más la dependencia masiva de la medicina tradicional empeoran el clima y cunde el pánico.

La salud no tiene secretos: participación ciudadana organizada, con ideas comunes bien delineadas (¡difícil, pero no imposible!), comprensión de las causas reales ecológicas, socioeconómicas y políticas que nos han creado este destino.

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Más allá de que el gobierno declare o no emergencia nacional (algo que nunca ha servido de mucho), la epidemia no se superará si seguimos este estilo/sistema de vida. La mayoría no quiere cambiar, pero los que sí, como hormigas, debemos empezar a trabajar.

“Ciudadanos saludables son el mayor activo que un país puede tener” (W. Churchill).

lperalta@abc.com.py

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