Leer para superar el chasco educativo

Cuánto ya se habló del papelón, despilfarro e incapacidad nada menos que del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). Muchos memes, quejas, análisis sobre lo mal que se hacen los deberes para con la educación de los niños. Saliendo de todo el espanto de lo que significa tener tan penosas autoridades, si vamos a ser sinceros hace rato que esto sucede, aún sin errores en los libros, los niños leen poco y los adultos hablan cada vez peor. Leer y escribir es como cualquier ciencia, como cualquier profesión, necesita ser estudiada y actualizada toda la vida. La pobreza de expresión es una de las deudas más pesadas que arrastramos desde hace décadas. En muchos casos, un anciano de 80 años tiene más formación académica con su primaria terminada que muchos universitarios. Siempre se han dejado pasar los errores, algunos pequeños pasan, pero los garrafales chocan y no solo a los puntillosos del idioma.

Los que tuvimos madres que fueron maestras fuimos afortunadas (a pesar de la “tortura”), porque aquellas tareas extras solucionaban el aburrimiento y enderezaban la pereza de no querer estudiar; ellas nos dejaron un legado maravilloso, sin precio material: saber escribir y hablar bien, por ende, poder pensar, bien/mal, con dudas y certezas, pero siempre con las herramientas necesarias.

La pobreza de vocabulario es una de las deudas más dolorosas que tenemos. Por otro lado, la pronunciación; se criticó la escritura de “Semiyita” y “Estreyita” pero, sin embargo, reflejan la manera que muchos paraguayos jóvenes y no tanto, hablan hoy, parece que ya mucho antes de este escándalo se perdió la letra Ll, de los “Semillita” y “Estrellita” originales. Es muy vergonzoso también escuchar a profesores universitarios y otros profesionales de los medios masivos o del ámbito artístico pronunciando mal las letras y palabras.

Para aprender a leer, escribir y hablar no solo hace falta ir a la escuela, además hay que reforzar en la casa. Y solucionen en pareja quién refuerza qué. Hay que recuperar hábitos de estudio diarios, no para rendir sino para aprender. Debemos tener un buen diccionario presente siempre en un lugar de la casa (el celular no es lo mismo, porque ahí no se busca por abecedario), papel y lápiz a disposición o una pizarra, porque cuando hay dudas ortográficas no hay mejor método que escribir la palabra.

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Luego, imprescindible como el aire, la lectura. Muchos venimos de la época regida por “la letra con sangre entra”, pero además era socialmente humillante no haber leído algo de la buena literatura: “¡¿Cómo que no leíste nunca nada?! ni Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London, Daniel Defoe…?” Las películas no sustituían al libro como ocurre hoy día. Y mismo en el colegio sí o sí teníamos que leer, no había internet para bajar nomás el argumento, “Rosaura a las diez”, “Juvenilia” o “Corazón” entre tantos otros quedaron grabados en mi memoria de estudiante. Fundamental recuperar la lectura a la siesta o el pequeño libro de bolsillo. El verano y las vacaciones regalan tiempo para leer. No nos perdamos esa riqueza. “Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida” (W. Somerset Maugham).

lperalta@abc.com.py

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