Ya no les creemos

SALAMANCA, España. Apareció de nuevo –digo de nuevo porque no es la primera vez que esto sucede– un pastor “cristiano” de origen coreano que tiene mucho interés en colaborar con la educación en nuestro país. Incluso llegó a entrevistarse con el presidente de la República. Sabemos que justamente una de las atribuciones de su cargo es escuchar a quienes vienen a traer propuestas para el país. Lo que no quiere decir que cualquiera que venga con cualquier tipo de propuesta deba terminar sentado en el despacho presidencial del Palacio de Gobierno para hablar del tema que le interesa.

Se trata del ciudadano Ock Soo Park que lidera en su país la institución International Youth Fellowship (IYF), algo así como Hermandad Mundial de Jóvenes. En verdad que no dice gran cosa como tampoco este señor ha explicado con claridad de qué manera puede venir a colaborar con la educación en nuestro país. Como en situaciones similares inmediatamente surgen los rumores, al día siguiente de la entrevista con el Presidente, el viceministro de Educación Roberto Cano salió a desmentir lo que hasta entonces no habían sido más que suposiciones, habladurías; o para ser más breve y explícito: puro chismerío. Dijo Cano que de ningún modo el señor Park iba a “influir o cambiar el proceso educativo” de nuestro país.

El problema está en que después del último escándalo planteado por los libros impresos por el Ministerio de Educación, verdaderos catálogos de atrocidades idiomáticas, esa secretaría de Estado ha perdido toda credibilidad. Alguien dijo que la credibilidad es como la virginidad, sólo se pierde una vez y ya es para toda la vida.

En diferentes países de nuestro continente (Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia y Brasil, para mencionar algunos) se han introducido estas sectas “cristianas”, encabezadas por algún “iluminado” que presume de hablar todas las noches directamente con Dios que le transmite sus órdenes y que luego las pone en práctica en una feligresía fanatizada. Curiosamente, todas ellas, las pertenecientes a diferentes sectas, muestran una misma característica: su oposición a la modernidad y adhesión a las formas más primitivas de pensamiento y conducta.

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Los ciudadanos de a pie, padres de familia, y el mismo gobierno, tendríamos que poner todo nuestro empeño por evitar que nuestros hijos caigan víctimas de esa concepción irracional del universo que nos traen estos iluminados “cristianos” que buscan infiltrarse en diferentes segmentos de la sociedad –la educación, por ejemplo– para pescar allí a los fieles que habrán de integrar su parroquia.

El viceministro Cano, tratando de quitar hierro del fuego dijo que hay temas que son de consenso, independientemente del tema religioso como ser “tolerancia, respeto, honestidad”. Citó la cuerda en la casa del ahorcado. En el Gobierno del cual forma parte no encontramos, en ningún lado, que se observen ninguna de estas tres cosas. No es gratuito que seamos el país más corrupto del continente por atrás de Venezuela. “No es educación religiosa –recalcó–. Estamos magnificando una cuestión que podría ser hasta buena”. Lo sentimos, pero no le creemos. No puede ser buena la intervención de una persona que se ha inventado una religión de la que él es su papa, su cardenal, su obispo, su cura, su monaguillo, su teólogo, su profeta y el que al final del oficio religioso pasa el canastito para que los fieles den su contribución. Lo sentimos. Pero no le creemos.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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