La política supeditada a la epidemia mundial

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En el marco de la crisis instalada en el país y en el mundo por la epidemia de coronavirus, los análisis políticos que se hagan pueden ser desestimados o aplastados de un plumazo por la urgencia.

Todo queda en un segundo plano ante el avance de los contagios y las medidas drásticas que debe tomar el Gobierno.

En Paraguay, podemos decir que la reciente decisión del presidente Mario Abdo Benítez de pactar con Horacio Cartes para extender el mandato del actual presidente de la ANR Pedro Alliana y postergar las elecciones partidarias, en plena crisis de salud, marca de alguna manera el inicio de su decadencia.

Dar este paso significa que el mandatario tira por la borda la distancia y las diferencias que venía manteniendo con el cartismo, que en su momento lo ayudaron a ganar las elecciones.

Supuestamente, es por un bien superior, que es la unidad partidaria. Sin embargo, es sobre todo una admisión de debilidad. Lo mismo vale para Horacio Cartes, pero él no es presidente ni tiene algún poder formal ahora.

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El motivo del pacto es exclusivamente coyuntural y está vinculada a las elecciones internas y municipales. Sin embargo, se habla seriamente en estas horas que, según evolucione la crisis, dichas elecciones pueden ser postergadas para el año que viene o para cuando se den las condiciones para hacerlas.

Si ocurre eso, el pacto se revela innecesario. No obstante, el hecho de que el mandatario haya dado ese paso es revelador.

Tanto Abdo Benítez como Cartes temen a la posibilidad de perder la elección interna porque eso significaría un mazazo que condicionaría sus respectivos futuros políticos. Por eso pactaron.

En el caso del mandatario, pesó la necesidad de conseguir cierta gobernabilidad para lo mucho que aun le resta de mandato, ahora más complicada por la coyuntura de la epidemia, de duración y consecuencias difíciles de predecir.

En tanto, para el empresario tabacalero, por sus grandes intereses económicos y por sus problemas judiciales, es clave seguir manteniendo el poder, de alguna manera. Por eso, respaldará económicamente la campaña de los candidatos de su movimiento. Hará también lo imposible por mantener su influencia en la Corte y el Ministerio Publico, además de mantener un pie siempre en el Congreso.

Curiosamente, ninguno de los dos puede aspirar ya a un cargo político en el futuro porque la Constitución se lo impide. Dependen de una futura reforma constitucional que ahora parece muy lejana.

Antes de la crisis, la imagen de Abdo Benítez y su gobierno iba en picada y el pacto con Cartes hubiera sido solamente un empujón más hacia abajo.

Pero ahora, si el Paraguay sale bien parado, en comparación con los demás países, de la pandemia que azota en el mundo, no se puede descartar que esta administración recupere credibilidad. Eso le serviría, básicamente para terminar de manera más o menos tranquila su mandato.

Los partidos de oposición por ahora parecen estar dispersos, pero hay aires y declaraciones de algunos actores claves en pos de la unidad en el Parlamento que se podrían concretar este mismo año.

Más allá de todo, la crisis instalada por la epidemia hace difícil predecir qué puede ocurrir en el escenario político-electoral para el oficialismo y la oposición. No solo en lo que se refiere a las municipales sino también en el 2023.

Es una situación que ocurre cada tanto en un país –en este caso en el mundo entero– en el que la urgencia es más importante que cualquier otra cosa que pueda debatirse sobre las disputas político-partidarias locales.

mcaceres@abc.com.py