Esas materias inútiles

SALAMANCA, España.- Entre ese cúmulo de tonterías que se acostumbra mandar por el WhatsApp he recibido un brevísimo escrito que me envió una amiga muy querida. Pienso que es importante compartirlo y por ello lo reproduzco en su totalidad a continuación:

“Qué casualidad que tres de las asignaturas menos valoradas con menos horas lectivas y consideradas ‘Marías’ como son Dibujo, Música y Educación Física sean ahora la mejor forma de mantener un equilibrio y salud mental y física en estos días tan difíciles de reclusión. Fomentar la creatividad, cantar y tocar instrumentos y hacer algo de ejercicio en casa. Las recomendaciones que hacen todos los expertos. Si eso vale para una ocasión tan delicada, qué beneficios no nos aportará en condiciones ‘normales”.

Entre los muchos videos que circulan por la red aquí en España son frecuentes aquellos que muestran cómo se las está ingeniando la gente para sobrevivir a tantos días de encierro. Y justamente uno de ellos es sobre personas que tocan algún instrumento y salen al balcón para hacer música, entre ellos un trompetista, un saxofonista, una estudiante alemana que puso su piano en el balcón y se ve cómo la gente se asoma a sus ventanas en los edificios de los alrededores y aplaude y la saludan a gritos y piden alguna composición de su agrado. Es notable el sentimiento de solidaridad que se crea en el vecindario e incluso con quienes comparten el video.

En nuestro degradado sistema educativo no se prevé nada parecido. La palabra “creatividad” ha desaparecido de todos los niveles y se mantiene en puntos muy aislados y concretos, entre la gente que decidió mantener viva aquella llama que había encendido Olga Blinder promoviendo la creatividad como una herramienta imprescindible en cualquier quehacer de la vida. Todo el resto quedó convertido en un páramo desierto. Recuerdo que el director de un colegio que fue intervenido en la época de la dictadura justamente por alentar esa creatividad y libertad de expresión en sus programas de enseñanza llamó a los profesores y resumió lo que sería su mandato: “Y a partir de hoy nadie me habla de creatividad. El único que crea es Dios”.

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Poco o nada bueno podemos esperar de un Ministerio de Educación manejado por un policía caminera que en lugar de incentivar la creatividad de los estudiantes es posible que piense que si ellos deben saber tocar un instrumento, que sea el silbato y sus diferentes tonos para detener a los coches que hayan cometido una infracción. A propósito viene aquel “ñe’enga” que decía: “Pea otro pitopu he’i policía kuña ojegustáva refere he”. Traducción libre: “Esa es otra manera de tocar el silbato dijo la mujer del policía a la que le gustaba un árbitro”.

Mientras hay gente que todavía se hace ilusiones con incentivar la creatividad de los jóvenes, el ministerio del ramo sigue repartiendo material didáctico lleno de errores; tantos que algunas maestras dicen sentir vergüenza de hacer llegar ese material a los padres de los niños y se pasan horas corrigiéndolo. Los responsables, en lugar de agachar la cabeza y quedarse en sus casas observando una estricta cuarentena, alegan que son “errores de tipeo”. Es decir, que el encargado apretó, sin querer, una tecla por otra. Un error de tipeo es “lsa” por “las” o “msi” por “mis”. Pero saltarse la concordancia de número o género (por ejemplo, “las niños” por “los niños”) eso ya no se llama tipeo ni apretar una tecla por otra, sino ignorar las reglas de la gramática.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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