Saber leer y escribir

SALAMANCA, España. Recibí la grabación de un llamado telefónico que realizó una madre de familia a un profesor comunicándole que a partir de ese momento su hija dejaba de participar en el sistema de educación a distancia. Por la manera de expresarse, se trata de una mujer de poca formación y posiblemente sea de condición humilde. La causa del abandono de su hija de este sistema de enseñanza adoptado a causa de la situación creada por el coronavirus y la orden de confinamiento de la población nos obligan a reflexionar sobre lo que está ocurriendo en nuestro país, no solo por la urgencia sanitaria, sino a nivel más profundo.

En pocas palabras, la madre alega, con términos muy sencillos y frases elementales, que a su hija le resulta imposible seguir las lecciones que recibe; no sé si a través del teléfono, el ordenador o algún otro medio. Dice que “las lecciones son muy largas” y que su marido ha resuelto ayudarle a su hija copiando todo lo que recibe. “Pero yo no entiendo la letra de mi marido, mucho menos mi hija entiende la letra de su papá”. Luego repite varias veces que ante esta situación, ha resuelto que su hija no participe más de esta modalidad de enseñanza y esperarán a que las clases se reanuden para que la pequeña pueda volver a la escuela. Esperará las clases presenciales –no utiliza este término– para tratar de retomar sus estudios.

Esta pequeña anécdota nos pone frente a algo mucho más letal que el virus. Nos enfrenta al grado de analfabetismo que se ha enquistado en nuestra población debido a la catastrófica política educativa que han venido observando los diferentes gobiernos que hemos tenido desde…, desde quién sabe cuándo. Entre los últimos ministros hemos tenido uno que dedicaba todo su esfuerzo para convencernos de que “la raza guaraní”, sí, así mismo, la raza guaraní “es la mejor raza del mundo”. Y ahora alguien que hizo su carrera como policía caminera.

La peste del coronavirus va a pasar. Tendremos presente el letal virus por algunos meses y lo superaremos definitivamente con el descubrimiento de una vacuna cuyo proceso de investigación está en curso y, a más tardar, la tendremos en año y medio. En este momento en que vivimos aterrorizados por esta amenaza nos puede parecer mucho tiempo. Poco o mucho, pero el virus desaparecerá. O, por lo menos, tendremos las herramientas necesarias para hacerle frente. Pero el analfabetismo y la ignorancia no pasarán en año y medio porque no existe vacuna, ni se la está investigando, porque quienes tienen en sus manos enfrentar el problema no están interesados en hacerlo. Les conviene que las cosas sigan así porque de aquí o de allá obtienen sus beneficios.

Veo que el Ministerio de Educación desea adquirir mobiliario escolar por valor de 40.000 millones de guaraníes adoptando la “vía de excepción”. Es decir, una vía que permite saltarse muchos controles. Es lo que acaba de hacer la Dinac para la compra de mascarillas y alcohol en gel que resultó ser una gigantesca estafa. ¿Cuál es la urgencia del Ministerio de Educación para la compra de mobiliario escolar en un momento en que están cerrados todos los centros de enseñanza?

Las consecuencias de toda esa corrupción las están pagando esos padres de familia y esa pequeña niña porque no han sido educados eficientemente ni en caso de emergencia a causa de una peste, ni en caso de vida normal, debido a un virus en el primer caso y por la presencia de corruptos en el segundo.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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