Más precisamente, el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios está compuesto por tres puntos: el anuncio del arcángel a María (25 de marzo); el Nacimiento de Jesús (25 de diciembre) y la celebración de hoy.
Los tres Reyes Magos cuando llegaron a Belén “encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra”.
Notemos que, en primer lugar, ellos se postraron, es decir, descubren la manifestación de Dios en este niño y, con esta inclinación, se ponen a su servicio. Su gesto más importante de adoración es ponerse a servicio del Salvador, y esta consideración vale para nosotros del siglo XXI.
Los dones que ellos ofrecieron tiene un sentido espiritual: el oro, reconociendo la majestad del Niño; el incienso, su divinidad y, finalmente, la mirra, una alusión a la pasión que experimentaría. Además, es conveniente saber que estos regalos tenían un elevado precio económico: en aquellos tiempos la mirra costaba siete veces más caro que el oro.
Popularmente, en la fiesta de los Reyes a los niños de nuestras familias se suele dar regalos: una bicicleta, una muñeca y otras cosas, hoy día más electrónicas: en sí mismo no está mal, siempre y cuando no signifique un consumismo desmesurado.
Sin embargo, la pregunta que cada uno debe hacer es esta: ¿Qué regalo el Niño Jesús espera de mí? ¿Qué es lo que yo, pobre mortal, puedo ofrecer al Señor de cielo y tierra?
Seguramente, el ejemplo de los Magos es educativo: abrir el cofre y ofrecer algo valioso. Abrir el cofre, podemos decir, expresa abrir el corazón, no ser una persona cerrada en su egoísmo y sus proyectos, sino tener tiempo y entusiasmo para compartir con los demás, evitando una pobreza de relaciones. Es crear un clima para el encuentro fraterno.
Pero “abrir el cofre” también significa abrir el bolsillo y no ser tan tacaño, usando el falaz argumento de que “los ricos” deben hacer tal cosa, porque yo no tengo nada para repartir: todo el mundo puede abrir su bolsillo para compartir, generar más vida y dar más sentido a sus bienes.
Sin duda, es este regalo que el Niño espera de nosotros: vencer la codicia, para que todos tengamos un 2014 con mucha prosperidad.
Paz y bien.
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