Ayer una promesa, hoy un juramento

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Nuestra primera Constitución, en 1870, estableció una fórmula oficial para el juramento presidencial: ‘‘Yo, NN, juro ante Dios y la Patria’’, etc., la que fue literalmente repetida en las dos que le siguieron. De ese infame modo se excluía a los ateos y a los apátridas de la posibilidad de asumir el poder.