Existen los feriados oficiales decretados por el Gobierno y los asuetos estatuidos por los perros que son de terror. Si el mes de agosto es un mes peligroso, sus últimos días son para el relax. En el interior de esta república o muerte, nadie va a la iglesia y la conjunción de unos días santos solo hace posible vivir como víbora de museo, en alcohol.
Les cuento: el 28 de agosto es el día de San Agustín (354-430). Su papá era un pagano y la mamá una cristiana fanática. En esta situación tienen asidero las contrariedades espirituales de este santo de origen africano. Al día siguiente, el 29, es día de San Juan Bautista, el decapitado por orden del rey Herodes Agripa a quien Juan odiaba y a quien repudiaba por el casamiento de Herodes con su cuñada Herodías, quien se había casado antes con su hermano Herodes Filipo.
Un día después, el 30 de agosto, se recuerda a la primera santa de América, Santa Rosa de Lima, nacida en Lima en 1586 de padres españoles. Tenía apenas 31 años cuando murió y es patrona del Perú. Se llamaba Isabelita y cambió de nombre para ingresar al convento, y si sabe que es patrona de una gran cantidad de policías paraguayos coimeros, debe estar con ganas de cambiar nuevamente de nombre.
La pausa laboral cristiana culmina el 31 de agosto con San Ramón Nonato, español nacido en 1200 de un parto difícil en una familia rica. Luchó por los esclavos de su España ocupada por los moros y es el santo de las parteras y protector de las embarazadas.
Estos 4 días son venerados y mucha gente en el Paraguay no trabaja, sobre todo en el aniversario de la Santa Rosa que, de realizarse algún esfuerzo, el techo de la casa se pone bajo el gran riesgo de desaparecer con la tormenta que por ese día suele aparecer. Realizar alguna tarea en el día de San Ramón Nonato puede marcar la perpetua esterilidad femenina y los descendientes van a tener que figurar en lista de espera.
Los santos son muchos como para dedicarle un tiempo a cada uno; además se van agregando nuevos como el Monsanto, patrono de los transgénicos y de quien un obispo habla como si conociese el tema y fuese el padre de la agricultura.
Paraguay fue maldecido por el obispo Bernardino de Cárdenas en 1544 por su expulsión, la segunda maldición fue hecha por los jesuitas. Se habla también de la maldición del obispo Palacios, fusilado por orden del mariscal López.
Se habla de la presencia de Dios en el Paraguay a través de la huella del Santo Tomás pyporé en el cerro de Paraguarí, aunque parece ser que se trataba del pa’i Sumé, un héroe criollo a quien se le faculta el consumo de la yerba mate. Después se comenta la presencia de San Blas para salvar a unos españoles que ya estaban en la olla de los guaraníes y en el menú de ese día por más que la carne de los europeos no fuera la más apetecible.
San Roque González nos dejó su corazón para convertirse en el primer santo paraguayo en 1988 y ahora surge la guaireña Chiquitunga como futura figura santificada, porque después, y como dice Helio, ni siquiera fuimos visitados por algún ángel extraviado ni por un querubín olvidadizo de su itinerario celestial.
Parece ser que San Expedito es el único que nos escucha y sigue pagando los platos rotos, aunque me parece que quienes más agradecidos deberían estar son los fabricantes de letreros y pasacalles.
Y en otro aciago agosto, del 2008, llegó la maldición que nos faltaba: un obispo con hijos y rodeado de buenos y malos ladrones.