Así como en el antiguo programa se pedía a los alumnos que compusieran una ópera y que, además, la interpretaran (no es ningún chiste, yo tuve en mis manos aquellos programas) ahora no se les ha ocurrido nada mejor que introducir, como materia de estudio, el ajedrez. Me alegro de haber egresado ya del colegio pues si tuviera que estudiar ahora, me vería obligado a abandonar los estudios a mitad de carrera ya que nunca pude permanecer sentado, por más de quince minutos, frente a cualquier juego de mesa. Habrá quien dirá que el ajedrez no es un juego de mesa, sino una ciencia. Pues tráiganme el microscopio a ver si lo aprendo.
Las estadísticas no mienten, afirman los expertos. Sí, es cierto, pero tampoco dicen la verdad. Las estadísticas hablan del bajo índice de analfabetismo que tiene nuestro país. Lo que no dicen esas cifras es que entre esa gente que dice saber leer y escribir hay un grado de analfabetismo funcional (hermoso término para disfrazar una terrible tragedia) porque no pueden entender lo que leen. Hace un par de meses me escribía un profesional, una persona que pasó no solo por el colegio sino además por los seis años de universidad y me decía que “eh leído su artículo; eh entendido; eh pensado; me eh tomado la libertad...” etcétera. Con este grado de conocimientos, no quiero ni pensar en qué casillas se pondrán las torres, los caballos, los alfiles y los peones si todavía no se ha logrado poner en las casillas correspondientes las haches. Olvidémonos, por piedad, los problemas que suponen otras letras más conflictivos como la “s”, la “c”, la “v”, la “b” y la fatídica “z”.
Si a los técnicos en educación les faltan materias para completar sus programas de estudio, la solución es muy sencilla: aumenten las horas de lenguaje, las horas de álgebra y, si es necesario, volver a incluir el latín como lo están haciendo hoy día muchos países para que el alumno entienda la estructura de una lengua que permanece inalterable desde hace más de dos mil años al tiempo de entender mejor no solo el castellano sino todas las lenguas romances (italiano, francés, portugués, gallego, catalán y rumano).
No voy a insistir en el papel fundamental que desempeña una lengua en la formación de las estructuras de pensamiento de sus hablantes. Solo recordar que nadie podrá pensar correctamente si no domina el lenguaje que habla. En una oportunidad el sacerdote jesuita Bartomeu Meliá S.J. hacía referencia a la película de Almodóvar: “La piel que habito” diciendo que más exacto sería hablar de “La lengua que habito” como instrumento del pensamiento y al mismo tiempo, como metáfora del papel que desempeña la piel en el cuerpo humano.
Si se ha tenido la desfachatez de robar todo el dinero que se tenía destinado a mejorar la infraestructura de todas las escuelas del país, hoy en ruinas, lo bueno sería que no se tuviera la misma desfachatez de robarle a los niños, a los jóvenes de hoy, el futuro que tienen por delante, negándoles una educación adecuada. El dinero se puede recuperar. El conocimiento, no.
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