“Bienvenido, señor Ricord”

Con el título de “Bienvenido, señor Ricord” me referí el domingo 13 de marzo de 1983, en ABC Color, a un famoso narcotraficante francés que había venido a instalar su negocio en Asunción. Desde mucho antes ya venía siendo buscado por las autoridades norteamericanas que, al fin, dieron con él. Se pidió su extradición, pero el gobierno de Stroessner no mostró mucho entusiasmo porque lo llevaran. Finalmente cedió a la presión y Ricord fue condenado en los Estados Unidos a 20 años de prisión. Por encontrarse enfermo salió a los 10 y regresó al Paraguay. Me acordé de este artículo ante el poder creciente de los narcotraficantes en nuestro país. Decía:

Alegrémonos. Un hombre de fama universal, un ciudadano cuyo nombre dio varias vueltas por el mundo, está entre nosotros.

¡Aleluya! Joseph Ricord volvió a la casa que dejó involuntariamente hace 10 años.

De nuevo llena sus pulmones de nuestro aire tricolor. Las mañanas asuncenas vuelven a acariciar su tranquilo despertar.

Espero que el señor Ricord no esté disgustado con el país por los 10 años de ausencia. A él le consta que se hizo lo imposible por impedir su viaje. Pero ocurrieron hechos ingobernables que sobrepasaron la voluntad de no dejarle salir. Él sabrá comprender y perdonar. De todos modos está de vuelta a casa, entre nosotros.

Joseph Ricord volvió al Paraguay, país al que se aferra con todas sus fuerzas. Él sabe que aquí tiene un ancho sitio.

Regresó el jueves último por Líneas Aéreas Paraguayas. Descendió cómodamente en el aeropuerto internacional “Presidente Stroessner”. Nadie, desde luego, le prohibió que entrara. La policía no subió al avión para impedir que se bajara. Y no tenía por qué hacerlo. ¡Se trataba de Joseph Auguste Ricord! Adelante, señor, las puertas del país están abiertas para usted y para cualquiera que se le parezca. Estamos a sus órdenes para lo que guste.

¡Alegrémonos! El señor Ricord, cuya fama paseó el nombre de nuestro país por el universo, está ahora en su tranquila casa asuncena.

Suponemos que en su residencia estadounidense habrá conocido a muchas personas. En 10 años habrá hecho excelentes amistades. Y suponemos, también, que el señor Ricord les habrá hablado de la hospitalidad paraguaya. Creemos, entonces, que esas amistades estarán alguna vez por aquí.

Y está bien. Nuestro país tiene sitio para cientos de Ricord. Aquí hay lugar para toda clase de gente. Vengan muchachos, vengan. Nuestros brazos están siempre abiertos para recibir a señores de estas y similares reputaciones.

Aquí sólo no hay sitio para algunos compatriotas honestos y trabajadores.

Joseph Auguste Ricord vino a ocupar el sitio que dejó Augusto Roa Bastos, por ejemplo. O tal vez el de Luis Alfonso Resk. O quizás Domingo Laíno. O quién sabe si el de tantos otros dignos compatriotas que cuando regresen al país no se les permitirá ni bajar del avión.

Otra cosa, ¿con qué pasaporte ha viajado el señor Ricord? ¿Acaso con pasaporte paraguayo? ¿Cómo? ¿Ese documento de que carecen tantos paraguayos que jamás han robado, estafado, traficado nada?

¡Alegría en el cielo y en la tierra! Joseph Auguste Ricord está de nuevo entre nosotros. Bienvenido, señor Ricord, en esta su casa. Sus puertas están jubilosamente abiertas para usted. ¿Qué importa que estén cerradas para cientos de paraguayos honestos? Con usted estamos felices. Más tranquilos. En una palabra, más cómodos.

Es cierto, Joseph Auguste Ricord tiene derecho a reintegrarse a la sociedad. Ya pagó sus culpas. Por lo menos las terrenales. A partir de ahora comienza una nueva vida que la ley le garantiza. Pero aun así no vamos a olvidarnos de que, por ejemplo, también Escolástico Ovando hace seis años cumplió la pena que los jueces le impusieron y, sin embargo, sigue detenido en la Guardia de Seguridad. Ya purgó de sobra la pena que le impusieron. Y como este caso hay otros muchos, lo que evidencia la discriminación a la hora de repartir justicia, la que muchas veces se utiliza más bien como instrumento de venganza.

alcibiades@abc.com.py

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