Sin embargo, los mecanismos de control y sanción contra las criminales acciones son de cuarto mundo, o ningún funcionario municipal se entera de lo que pasa.
Lo más fácil en esta ciudad es matar a un árbol “legalmente” sin tener que pagar la más mínima multa o siquiera ser apercibido por la Comuna.
Veamos algunos ejemplos prácticos que cualquiera percibe en las calles de Asunción, menos quienes tengan que darse cuenta de ello.
Para empezar, cualquier arquitecto que pide permiso para remoción de suelo en una obra es sinónimo de que va a pelar el predio de todo lo clavado y plantado.
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Pero aparte de los constructores –salvo honrosas excepciones– existen muchos otros depredadores furtivos de la flora. Los principales son los publicistas que quieren que se vea su gigantografía a cualquier precio, al igual que muchos negocios que nunca ven una buena propaganda en resaltar un árbol o protegerlo frente a sus fachadas.
Un añoso samu’û y un yvyrapytã de la Avda. Mariscal López casi Chaco Boreal fueron cortados en pedacitos bajo la figura de “poda” durante la administración de Evanhy de Gallegos en el 2009, porque tapaba las gigantografías.
La práctica no paró allí, pese a las críticas, denuncias y plagueos de los vecinos.
En Mariscal López y Bernardino Caballero, un añoso Yvyraro terminó muriendo por las podas rabiosas a las que fue sometido para dejar ver los blíndex de una farmacia.
A pocos metros de allí hicieron lo mismo con otro añoso ejemplar ubicado en la esquina de Brasilia porque también interfiere una gigantografía. Cortaron toda la copa y quedó el tronco pelado. Luego de un tiempo, los brotes surgieron raquíticos como un “plumero” y lo volvieron a cortar. En poco tiempo será leña.
Existen muchos otros ejemplos de supuestas podas que se hacen en la ciudad, pero al parecer la intención es matar el árbol. Cuando a una especie añosa se la poda de forma tan rabiosa, cortándole toda la copa, el tronco queda sin protección y bajo los rigores de nuestro clima y la radiación del asfalto. En estas condiciones no puede soportar el cambio brusco de look y se seca. Entonces, la solución mágica es talarlo de raíz.
La otra fórmula para dejar morir a un árbol es permitir que sea ganado totalmente por plagas como los cabello de ángel, tal como ocurre en la vereda de Mburuvicha Róga con los apepu o naranjos agrios. La Municipalidad de Asunción nunca se preocupó de sanitar estos cítricos que pese a los años regalan su azahar en esta época del año. Es tan agradable pasar estos días bajo un naranjo. El aroma se percibe desde varios metros a la redonda.
La ordenanza municipal 60/98 establece claramente las condiciones para las podas y solamente en casos de “extrema urgencia” se puede autorizar la tala: cuando sufran un decaimiento irreparable, corren el riesgo de caer y son un peligro para las estructuras civiles.
Pero para una persona depredadora, cualquier excusa como una hormiga en el árbol o la caída de unas hojas con el viento ya son excusa para mandarlo a mejor vida.
Nos faltan ciudadanos como aquella mujer que en el 2008 se encadenó a un yvyrapytã en Iturbe y Fulgencio R. Moreno para evitar que lo echaran. El árbol sigue vivito y coleando al igual que la casa a la que supuestamente estaba por derribar sus raíces.
pgomez@abc.com.py