Compromiso espiritual y material

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Es una tendencia peligrosa entender que la vida espiritual no debe mejorar las estructuras de la sociedad y, aunque los saduceos y fariseos quieren poner zancadillas a Jesús, Él muestra que la fe en Dios no es solamente algo íntimo.

Mt 22,34-40

Un fariseo, de modo artero, le pregunta cuál es el mandamiento más grande de la Ley mosaica. Es una trampa y una manifestación de desconcierto, pues la ley que ellos habían elaborado tenía 248 mandatos diciendo “haga esto” y 365 diciendo “no haga esto” que, finalmente, tantos mandamientos les confundían: eran 613 en total.

Jesús le contesta: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. El segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En verdad, ellos ya sabían cuál era el primer mandamiento (Dt 6,5), sin embargo, los separaban y daban una interpretación muy parcial al término “prójimo”, (Lev 19,18) con la finalidad de no asumir ningún compromiso concreto.

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Jesucristo presenta su revolucionaria novedad: define el amor a Dios y el amor al prójimo como el centro de la enseñanza y del testimonio de vida. Es categórico: “De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”; es decir, la Biblia completa.

Además, el Señor unifica y equipara los dos mandamientos, que los especialistas explicaban como distintos y separados.

Él termina con la confusión y exige más coherencia de vida, pues presenta un excelente resumen de lo que es la fe, e indica que esta debe manifestarse en obras definidas hacia el ser humano real, que está alrededor nuestro.

Nosotros, a veces, nos preguntamos: “Cuál es la voluntad de Dios hacia mí” y este resumen de Jesucristo lo aclara: amar a Dios y al semejante con todo el corazón.

Es situar a Dios como la primera prioridad de cada día, sea en la oración, en la lectura bíblica o en el sacramento de la Reconciliación. Asimismo, es jamás faltar a la Misa el domingo.

También se debe amar al prójimo con toda el alma. Por ello, afirma el papa Francisco en el documento La alegría del Evangelio, 188: El pedido de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!”, implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos.

OJO: colabore más para resolver las causas de pobreza, que están en las estructuras sociales injustas.

Paz y bien.
hnojoemar@gmail.com