Conquistar el norte

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“Venimos a conquistar el norte del país y quedarnos como gobierno”, dijo el presidente de la República Federico Franco en declaraciones a periodistas durante su visita la semana anterior a la zona de Kurusu de Hierro, territorio bajo absoluto control de “soldados” del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), según un reporte del corresponsal de ABC Color en San Pedro, Omar Acosta.

Si bien es cierto que estas declaraciones pueden generar un cierto impacto alentador en los pobladores del norte, no es menos cierto que pueden desatar severos cuestionamientos.

No es el primer mandatario que lanza este tipo de promesas. Antes lo hicieron Nicanor Duarte Frutos y el destituido Fernando Lugo.

En las dos administraciones anteriores a la de Federico, las fórmulas para promover una mayor presencia estatal en la zona evidentemente incurrieron en fallas.

Las propuestas se basaron exclusivamente en una militarización de las calles y caminos vecinales, y en la instalación de tanquetas en las entradas a las ciudades. También aumentaron la dotación policial en los escasos puestos de Concepción y San Pedro. Una solución basada en municiones.

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Sin lugar a dudas, el EPP es un grupo irregular que se adjudica actividades criminales cuya sanción está prevista por nuestro ordenamiento jurídico. Y, para enfrentarlo, existen los órganos constitucionales que deben ocuparse de esa tarea.

El problema de la comunidad norteña va mucho más allá de las metrallas. Hartos del terrible abandono durante años de sus autoridades, los pobladores de la zona parecen ya no estar en condiciones de asimilar nuevas promesas de estratégicas obras ni de despliegues de maquinarias.

La absoluta “ausencia del Estado” se siente en los rostros de los que hacen su vida en el norte. Algunas de las pocas escuelas del campo están sin techo, no tienen libros, los pupitres destartalados, los niños no saben del “vaso de leche” y los kits escolares solo se ven en la tele.

En los centros de salud no hay médicos, jeringas ni calmantes. Algunas de las ambulancias, sin correas dentadas ni rubros para repuestos. Los cortes de energía eléctrica, que opacan el deficiente servicio de agua potable, son una constante.

Las declaraciones del presidente Franco pueden tal vez responder a una expresión de deseo, en el mejor de los casos, o constituir parte de una estrategia electoral, ya que necesita imperiosamente culminar sin mayores sobresaltos su gobierno.

Pero las necesidades de los concepcioneros y sampedranos son independientes de cualquiera de esas probabilidades. Son impostergables.

El poco tiempo que le resta de mandato, Franco debería invertirlo en el comienzo de un trabajo serio, sostenido y que responda a objetivos claros que no se alejen de la búsqueda permanente del bienestar de los paraguayos.

Debe arbitrar los medios para que la intervención estatal sea tangible. Perseguir fines contrarios, solo le acarreará dolores de cabeza.

eferreira@abc.com.py