Contrastes

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El Paraguay es un país de groseros contrastes. Un relevamiento sobre la problemática de la salud pública en el país evidencia la pobreza en que se desenvuelven los centros y puestos de salud a lo largo y ancho del territorio.

En rigor, es algo por todos conocido y no resulta nada nuevo que factores de vital importancia para la fortaleza de una nación, como la educación y salud, históricamente sean relegados por la clase política nacional, por quienes desde los puestos de decisión tienen la responsabilidad de distribuir los recursos del Estado a través del presupuesto.

La precariedad de medios en que se desenvuelve el sector de la salud pública salta a la vista. Situación que exige esfuerzos titánicos de médicos y enfermeras que deben realizar su tarea con carencias de todo tipo, precarios salarios, y las largas horas de trabajo en un ambiente de exigencias físicas y sicológicas intensas.

Resulta inexplicable este grosero contraste en la distribución de los recursos públicos para un área tan sensible como es la salud. Mientras los parlamentarios gozan de inmerecidos privilegios como seguros de salud vip, cupos de combustibles, viáticos e incluso impunidad ante la ley, un ente del Estado encargado de atender las necesidades vitales del pueblo se desenvuelve en medio de carencias.

Cómo entender que mientras la gente se muere en los hospitales porque no recibió atención oportuna o no encontró una cama de terapia libre, existen representantes públicos que acceden al poder precisamente a instancias de esas mismas personas a la que dice representar se esmeren en solamente asegurarse sus privilegios y ventajas, en desmedro del resto.

Cómo admitir que funcionarios públicos en los ministerios, en los entes descentralizados, en las binacionales, dispongan de salarios multimillonarios, en su gran mayoría por hacer absolutamente nada, mientras en los hospitales no tienen siquiera combustible para las ambulancias.

Pero el problema pasa por la falta de educación para saber elegir, y asumir nuestra dignidad de ciudadanos de una República, y no súbditos de politiqueros mendaces.

jaroa@abc.com.py