Hay cuestiones básicas que son absolutamente inaceptables. Ningún canciller extranjero puede venir a sugerir acciones a nuestras Fuerzas Armadas. Ninguna organización internacional puede obligarnos a que nuestro Presidente sea Pedro o Juan. Caracas, Brasilia y Buenos Aires pueden ser ciudades amigas pero jamás serán jueces de nuestros asuntos internos. Brasil y Argentina son países económica y políticamente poderosos, pero por el principio de la autodeterminación y la soberanía de los pueblos Paraguay tiene la misma dignidad y el control absoluto y exclusivo sobre su propio destino.
No porque seamos un país chico vamos a aceptar que nos traten como parientes pobres, socios de cuarta u ordenanzas serviles. Es útil recordar el pensamiento de que es mejor morir de pie que vivir de rodillas. Somos pobres pero no tanto como para humillarnos como parias.
Aclarada esta cuestión, hay que pensar con frialdad en lo que podemos perder si renunciamos al Mercosur. Nuestros productos manufacturados, en su mayor parte, los vendemos a Brasil y Argentina. Un mercado importante de nuestra carne es Chile, pero atravesando territorio curepa. Las exportaciones de soja las hacemos por carreteras y ríos que compartimos con nuestros grandes vecinos. Si los acontecimientos políticos condujeran a una salida del Paraguay del organismo regional, quedaríamos aislados, rodeados de naciones con grandes barreras arancelarias y con una fuerte reducción de nuestras exportaciones. Ivaiveta la porte, lo mitã.
Aunque eventualmente podemos buscar nuevos socios fuera del bloque regional y en otros continentes, la situación sería muy difícil de sobrellevar. Esta traba económica no es una cuestión menor que pueda descartarse fácilmente en pos de una postura política dura e intransigente.
Los gobernantes pasan y las naciones quedan. Dilma, Cristina y Pepe están hoy, pero mañana ya se habrán ido. Tenemos que respirar hondo, aguantar el mal momento que nos hacen pasar, no ceder un ápice nuestra soberanía política, reconocer si algo hicimos mal y tratar de seguir manteniendo buenas relaciones en el plano económico.
Los gobiernos curepa, rapai y yorugua cometieron un grave error al suspendernos unilateralmente del Mercosur sin siquiera darnos derecho a la defensa. Fueron injustos con nosotros, pero tam- poco es como para cortarnos las venas y declarar la guerra a estos vecinos tan apresuradamente intolerantes.
Tranquilos. No hay Dilma ni Cristina que duren cien años. El kure lomo en estos casos funciona. Hay que poner las barbas en remojo y sentarnos a esperar que pase el cortejo fúnebre de nuestros momentáneos adversarios políticos. En un año y medio, estaremos de nuevo tomando tereré o mate con nuestros vecinos, bailando samba en Camboriú, comiendo un bife de chorizo en la 9 de Julio o, los más afortunados, tomando sol en Punta.