Desarrollar la espiritualidad en niños y jóvenes

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La canonización reciente de Juan Pablo II y Juan XXIII por el Vaticano resulta una ocasión propicia para desarrollar la espiritualidad en niños y jóvenes. Tarea vital en estos tiempos de crisis de la fe, de problemas familiares y de alejamiento de Dios. También los adultos necesitan fortalecer sus lazos con el Creador para salvar las dificultades que se presentan en el cotidiano vivir. Y sobre todo, para ser ejemplos y dar testimonios como creyentes fieles.

El ser humano es cuerpo, mente y espíritu. Por tanto, necesita alimentar las tres partes de su existencia. No puede vivir simplemente cumpliendo con su rol biológico de comer, dormir, trabajar y procrear. Las personas deben transcender, superar su condición de animal, buscando al Ser Superior que le revele hacia donde va. El Hacedor es quién lo guía e ilumina para ser feliz, realizar grandes cosas por sus semejantes y ganar la salvación eterna.

¿Cómo se desarrolla la espiritualidad en niños y jóvenes? Primero, los padres deben ser los espejos que irradien la santidad, tratar de vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. Leer la Biblia y asistir a la iglesia. Desde pequeñitos hay que enseñar a rezar a los hijos, no solo antes de dormir y al despertarse, sino en todo momento. Los salmos y los proverbios encierran sabidurías increíbles y alabanzas conmovedoras que son alimentos poderosos para el alma. Componer y cantar al Señor también es un bálsamo para curar heridas espirituales. Es bueno dar gracias por la vida, la familia, los hijos, el trabajo, la casa y el pan. Son tantas las bendiciones que recibimos del Altísimo, que no nos damos cuenta. Más bien nos pasamos pidiendo siempre más y más. Sin embargo, si leemos las historias de los santos, descubrimos que ellos renunciaron a todas las cosas materiales, para imitar a Cristo.

Hace días, conmemoramos la Semana Santa. Mucha gente llenó los supermercados para comprar bebidas y comestibles. Era impresionante la cantidad de alimentos que se adquirieron, como si el mundo fuese a terminar. ¿Y el alimento espiritual? ¿Hubo momentos de oración, de reflexión y de arrepentimiento’? Ojalá, muchas personas hayan cumplido con su papel de verdaderos cristianos. Condición nada fácil, pero que cambia muchas vidas.. Una relación con Dios, nos vuelve sencillos y humildes. Nos hace comprender que solo el amor al prójimo, nos hace mejores personas.

Nos hemos preocupado por el crecimiento físico de los hijos, criando hijos hermosos, casi perfectos. ¿Hemos dado el mismo cuidado a su crecimiento espiritual? Dando una educación basada en valores como el amor, respeto, temor de Dios, responsabilidad, obediencia a los padres y abuelos, disciplina y buena conducta, también se ayuda para que los hijos sean espirituales. Un joven que recibe estas enseñanzas estará mejor preparado para sortear dificultades, cumplir sus sueños, amar a su familia y ser un ejemplo en la sociedad. Un niño, formado en el camino de Dios, no se apartará del sendero correcto y será un ser de luz, amor y esperanza.

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Vivimos un mundo lleno de egoísmo, materialismo, odio, codicia y violencia. Es posible cambiar todo esto. La Iglesia Católica cuenta con dos nuevos santos, de vidas extraordinarias. Pensemos en Francisco de Asís o Teresa de Calcuta. Dejaron todo y siguieron a Cristo. Pensemos en Juan Pablo II y Juan XXIII, que consagraron sus vidas a Jesús. Si buscamos a Dios y vivimos según su palabra, de seguro, cambiaría todo. Se respiraría un ambiente de paz, alegría, amor y felicidad en la familia.
No habría violencia doméstica ni callejera, ni tantas injusticias sociales ni amor al poder, a la fama, al dinero, a acumular más y más. Según las Sagradas Escrituras, Sodoma y Gomorra desaparecieron por el pecado, la corrupción y la lujuria de sus habitantes. Dios nos libre y guarde de semejante castigo.

blila.gayoso@hotmail.com