Desasnar el Paraguay

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

Hace muchos años, en una novela de Ángel Ganivet, leí por primera vez la palabra “desasnar” y pensé que vendría de “asno”, y que por tanto significaría “desemburrar”. Pero quiso la Academia de la Lengua Española suavizar el vocablo y gracias a ello significa “hacer perder a uno la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza”. Quiso también la generosidad de algún amigo, que fuera invitado a participar de un grupo de jóvenes juristas consagrados al Derecho Internacional Público, algunos veteranos y otros principiantes en la diplomacia, imbuidos todos en un patriotismo sorprendente y con ellos pude convivir los últimos acontecimientos políticos que afectan gravemente al Paraguay, por las sanciones de que fue objeto por causa de apetitos de vecinos codiciosos, pero que nuestra población no percibe porque todo parece seguir a su ritmo normal, sin advertir los muñones que los mordiscos van causando en la realidad de nuestra economía, amén de los tajos que significaron y significan Itaipú y Yacyretá.

Mi percepción de viejo abogado me lleva a una conclusión que me interesa transmitir a quienes tienen la vida por delante. El Paraguay está encerrado no solo por su mediterraneidad o carencia de costa al mar y de puertos para embarcar nuestros productos. Está encerrado espiritual y mentalmente, porque una cosa es saber que existen otras realidades fuera de nuestras fronteras, y otra muy diferente es la vivencia de esas realidades. Sabemos en el Paraguay que hay trenes muy veloces, capaces de transportar una importante cantidad de personas a distancias que permiten solucionar problemas de un modo similar al que se produjo con la telefonía móvil, pero nuestra gente vive resignada a los ómnibus chatarras que se ven obligados a utilizar cada día para acudir a su trabajo u oficina.

Del mismo modo, para nosotros los abogados es muy importante conocer y vivir los vericuetos de nuestra legislación, pero otra cosa es conocer y vivir la enorme y frondosa legislación que regula los negocios en el exterior, la que rige los organismos internacionales, como las Naciones Unidas, el Mercosur, la OEA, la Organización Mundial del Comercio, los organismos que se instalan para la solución de controversias por medio del arbitraje, los Convenios que rigen los Tratados Internacionales, las reglas para su interpretación y cientos de otros cuerpos legales que los paraguayos sabemos que existen, pero no los vivimos, y lo que es más grave creemos que con la indiferencia podemos vivir sin estudiarlos y seguir la inercia de nuestra molicie ancestral, total de cualquier forma vivimos, comemos y dormimos.

Pero el futuro no debe ser así, a no ser que renunciemos a nuestra independencia, a la participación de nuestros hijos en el futuro de la humanidad que se nos viene encima sin aviso previo, con mordiscos, muñones y como consecuencia iremos perdiendo un brazo, una pierna, no como partes de nuestro cuerpo, sino de nuestra alma.

Creo que lo que acontece en el mundo del derecho, acontece en relación a las ciencias, a la tecnología y a toda educación superior. No es el caso que los paraguayos nos informemos del avance de la economía china, del esfuerzo inmenso de Occidente para superar la crisis financiera provocada por la codicia.

Debemos aprender y sentir que podemos superarnos. Debemos desasnar al Paraguay.