El aborto, un drama para el cerebro

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Nuevamente comenzará a tocarse a nivel oficial la despenalización del aborto, ya que es un tema fuertemente instalado desde el exterior; el tema, prioridad en la agenda de Género, se trató ayer 8 de abril en la Cumbre Social, previa a la Cumbre de las Américas, el 10 y 11 del mismo mes. Las organizaciones abortistas persisten y tienen a favor varias alianzas de líneas económicas, políticas y científicas. A esto sumamos, o de ello derivamos, la corriente nihilista que se ha sembrado en los últimos tiempos. De todas maneras, nuestro deber es estar informados más allá de lo que leemos en los medios masivos. La vida misma es nuestra fuente de sabiduría, por eso acabar con ella es contradictorio. Poner a la mujer a favor del aborto es sumergirla en un dilema existencial y un duelo permanente. Nuestra mirada tiene que ser amplia; los casos puntuales requieren atención legal, pero no es sinónimo de legalizar y despenalizar el crimen. Me permito citar brevemente a la neurocientífica Natalia López Moratalla, de la Universidad de Navarra (pueden encontrar su trabajo completo en Internet), quien afirma que no hay violencia mayor para la mujer que cortarle, o cortar ella misma, un embarazo.

La ciencia médica independiente prueba que el aborto es nocivo. Si algo todavía podemos decidir desde el pueblo, el primer paso es poner en claro la razón y la intuición, atentos a las presiones políticas e ideológicas separatistas que se mantienen a costa de la confusión instalada.

Grupos pro aborto lo presentan como un problema de la salud pública y a la vez como la solución. Pero el auténtico desarrollo se da antes de la concepción del bebé y esto tiene que ver con los valores y forma de vivir.

¿Qué ocurre en el cerebro de una mujer que ha abortado? “En un aborto espontáneo hay un corte del estado mental propio que tiene con la gestación. Su organismo y su cerebro se han preparado para el cuidado del niño. Entonces se produce una crisis que es falta de esa alegría propia de la maternidad. Si el aborto es provocado y ha sido voluntario, eso deja una fuerte marca de estrés y ruptura interior, mucho más fuerte que el golpe de separación natural. El aborto provocado es un drama también para el cerebro. El aborto de repetición, que parece producir acostumbramiento, no pocas veces termina en suicidio. La desarmonización del cerebro es dramática con el aborto provocado”.

A la par de la presentación de los planes de legalización y despenalización, extendamos la mirada para entender que esto no se reduce a la decisión de una mujer y su circunstancia, también cuenta la del hombre y la opinión de sus respectivas familias. Aunque no sea de los estudios que salen a la luz, es sabido que aquella mujer que busca contención familiar pocas veces decide abortar. Dice López Moratalla: “La mujer que acude en busca de ayuda después de un aborto es un porcentaje muy pequeño del total. Otras veces sale al cabo de un tiempo en la búsqueda de qué fue lo que originó el trastorno que padece, que puede ser de conducta –drogas e ideación de suicidio–, de ansiedad o afectivo como la depresión”. Coincidimos en que es fundamental que toda la sociedad hable sobre esta condena a muerte de quien no puede defenderse. Antes de dar una respuesta social, urge que busquemos información fidedigna, incluyendo la riqueza de algún testimonio. En plena conciencia y en paz, indefectiblemente llegaremos a la conclusión de la madre Teresa de Calcuta cuando dijo: “No entiendo el aborto”.

lperalta@abc.com.py