El amor más grande

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El deseo más profundo del ser humano es sentirse amado y respetado. Para lograr eso hay caminos correctos y caminos equivocados.

Normalmente, el vivir de apariencias es el camino más desatinado, pues uno se vuelve soberbio y exige aplausos. Frecuentemente, las “modas” que la sociedad consumista propone nos llevan a la frustración, sea en una modesta choza o suntuosa mansión.

Para no dejar dudas sobre qué valores hay que buscar, Jesús afirma: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

Si hay un “amor más grande” hay también un “amor más pequeño”, que ocurre seguramente cuando uno maltrata a sus familiares y manipula a sus amigos para su promoción personal y profesional.

“Dar la vida por los amigos” nunca ha sido y nunca será tarea fácil, ya que uno precisa despojarse de sí mismo y dejar su corazón vacío para recibir al otro.

Sin embargo, despojarse de sí mismo no puede significar un complejo de inferioridad o una actitud miedosa delante de las luchas de la vida, porque estaríamos ante una enfermedad. Al revés, es la valentía de vencer sus malas inclinaciones y de combatir su propio egoísmo.

La realidad de la vida, infelizmente, nos muestra que eso es cosa para unos pocos valientes.

Jesús, empero, nunca pierde la confianza en el ser humano y jamás deja de ser una luz para todos, por ello dice que para encarnar este amor más grande, hay que cumplir los mandamientos, ya sean los “Diez Mandamientos”, ya sean sus enseñanzas.

Y hoy revela que Él nos ama con el mismo amor con que el Padre lo ama, y eso para nosotros tiene que generar una confianza inmensa en la ayuda de Dios. También es el mejor incentivo para vivir el amor más grande, lo cual no es solamente un esfuerzo humano, sino especialmente un don de Dios.

Otra manifestación del amor más grande vemos en las palabras de Pedro, afirmando que Dios no hace acepción de personas, pero quien Lo teme y practica la justicia le es agradable (Hechos 10).

Es un deber para nosotros no hacer tanta distinción y discriminación de personas, para que no estemos todavía atados al “amor más pequeño”.

Asimismo, el amor más grande es también tomar la iniciativa de hacer el bien a los otros, especialmente a los que juzgamos “ogros y brujas”.

La recompensa de ese esfuerzo es grande, pues lo asegura Jesús: que la alegría de ustedes sea perfecta y llegue a la plenitud.

¡Felicidades a todas las madres!

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com