El cemento de la sociedad

Este artículo tiene 10 años de antigüedad

Los investigadores que estudian el desarrollo han demostrado que algunos países y comunidades utilizan sus recursos productivos (capital humano, capital físico y capital natural) de manera mucho más eficiente que otros y, por lo tanto, obtienen mejores resultados. ¿Cómo se explica esa diferencia? La respuesta pasa por considerar un factor crucial para el desarrollo de cualquier sociedad: la forma en que la gente interactúa, coopera y resuelve sus conflictos. Este factor, que los investigadores denominan “capital social”, resulta muy difícil de medir con los indicadores estadísticos convencionales y está formado, en lo sustancial, por el grado de confianza interpersonal, las normas de comportamiento colectivo y la densidad de su sociedad civil.

Estudios importantes muestran que un capital social abundante reduce considerablemente el costo de la actividad comercial y aumenta la productividad al promover la confianza, la coordinación y la cooperación en todos los niveles. También muestran que la falta de capital social provoca conflictos e ineficiencia. De hecho, investigaciones muy serias señalan, incluso, que una considerable reserva de capital social fomenta de manera significativa los logros económicos y la calidad del funcionamiento político de las naciones. Cada vez hay más pruebas que advierten sobre la importancia del capital social para el crecimiento de la economía y la prosperidad colectiva, así como que su deterioro pone en peligro la cohesión social e impide el desarrollo.

De acuerdo con evaluaciones recientes de la organización internacional Latinobarómetro, la sociedad paraguaya muestra niveles muy bajos de capital social. En rigor, exhibe niveles muy altos de desconfianza interpersonal e institucional. Según las últimas mediciones efectuadas (2013), solo el 10% de los paraguayos confía en la mayoría de las personas, mientras que el 86% desconfía de ellas (el 4% no responde). El mayor nivel de confianza personal se presenta en el grupo familiar: 78% confía mucho en sus familiares, 20% confía poco y 2% no confía nada en ellos. La confianza entre vecinos es mucho menos significativa: el 38% confía mucho en sus vecinos, el 56% confía poco y el 6% no confía nada en ellos. La desconfianza en las instituciones estatales es muy llamativa: solo el 6% de los paraguayos confía en el Estado, mientras que el 71% confía poco y el 20% no confía nada en él (el 3% no responde). Más específicamente, solo el 5% confía mucho en el Poder Ejecutivo, el 65% confía poco y el 30% no confía nada en él. Además, solo el 2% confía mucho en el Poder Legislativo, el 56% confía poco y el 39% no confía nada en él (3% no responde). Algo similar sucede con el Poder Judicial: solo el 3% confía mucho en él, mientras que el 59% confía poco y el 35% no confía nada en él. Los partidos políticos tampoco muestran niveles considerables de confianza: el 4% confía mucho en ellos, el 64% confía poco y el 31% no confía nada en ellos. La Iglesia, en cambio, es la institución social mejor valorada: el 63% confía mucho en ella, el 32% confía poco y solo el 4% no confía nada en ella.

Estos datos resultan particularmente importantes desde el punto de vista político, social y económico. Sin exagerar, cuestiones como el desarrollo social, la prosperidad económica y la consolidación de la democracia dependen, en gran medida, del modo como se vinculan e interactúan las personas. Estamos hablando, en definitiva, del cemento de la sociedad.

dm@danielmendonca.com.py