Ojalá la felicidad por la que se brindará esta noche no sea mandato de la propaganda ni del estereotipo. Repasar durante la cena los recuerdos del año puede generar buena emoción y dejar material para la reflexión.
Todos y cada uno de nosotros hemos pasado por experiencias similares en lo social y diferentes a nivel personal. Para muchos habrá recuento de felicidad por la llegada de un hijo, de un buen empleo, quizás un premio, un reencuentro, el viaje esperado con tanto anhelo. Para otros no trajo sorpresas. Para el gran resto, más sufrimiento. ¿La felicidad es un derecho, un bien, una recompensa?
Para ser feliz, la corriente consumista no se ha esforzado mucho por nuevas propuestas, solo utiliza nuevos paquetes para hábitos y cosas que ya existían. “Coma, duerma, viaje, invierta”. Todo esto se consigue únicamente con dinero. El dinero ha pasado a ser la primera ambición de millones de personas en el mundo entero y va a convertirse en una tarjeta. Aunque sacarse billetes y billetes en la lotería es un sueño gráfico que vende muy bien; para el resto del año nos quedan los sorteos, promociones y regalos por su compra. La promoción del gasto no deja espacio sin controlar ni mente sin perturbar, lo sentimos a través de la persecutoria publicidad comercial; también en el trato y las conversaciones con la gente, que anda preocupada y enferma por deudas contraídas para ser feliz.
Según la lógica del capital, somos exitosos si cada vez tenemos más dinero; consecuentemente, si se vive normalmente al mes, se es fracasado, resentido, envidioso.
Tener mucha plata es lo más asociado al ideal de felicidad mundana. Con dinero compramos cosas, nos elevamos de estatus social (no cultural), nos ganamos algún respeto y consideración. Pero también por él se roba, se asesina, se traiciona, se estafa, la persona se denigra.
El dinero no es tema banal, siempre ha sido pensado: “Cuando el dinero habla, la verdad calla” (Proverbio chino); “Nadie recordaría al buen samaritano si hubiera tenido solo buenas intenciones. También tenía dinero” (Margaret Thatcher). “No estimes el dinero ni en más ni en menos de lo que vale. Porque es un buen siervo y un mal amo” (Alejandro Dumas). Así podemos seguir buscando frases ciertas o resbaladizas. Lo importante es qué pensamiento original sacamos nosotros respecto a la felicidad y el dinero.
La moneda-el dinero se inventó con el fin de ser un medio, una herramienta para la convivencia, no un fin en sí mismo. Es verdad que habrán millones de tristes esta noche por no haber cumplido cosas que quisieron hacer y no pudieron. Muchos padres no tendrán pan para dar a sus hijos, muchos enfermos empezarán a morir este año porque no pueden pagar un tratamiento médico. Tantos fracasos se atribuirán a la falta de plata, “presupuesto” para el Estado, “capital” para el empresariado, “creatividad, esfuerzo, energía” para la Nueva Era, etc. Todos tienen una manera de nombrarlo.
Quizás las personas mayores honestas puedan explicarnos cuánto vale la búsqueda y ambición del dinero; tema extremadamente difícil para los nacidos bajo un sistema donde todo, hasta lo intangible, es fría compra y venta. Bien aconsejó Benjamin Franklin: “El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario”.
Que el brindis sea hoy por lo esencial, por nuestro país, fuentes de trabajo, justicia, respeto, educación y salud accesibles, esto es lo que construye una sociedad abierta y feliz. Desear el bienestar de todos, eso sí merece la copa en alto.
Feliz Año Nuevo.
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