La actividad de la Iglesia para llevar la fe salvadora de Cristo a esos millones de paganos que no conocen a Cristo, se llama acción misionera, y es este compromiso lo que estamos conmemorando hoy. La mayor parte de la inmensa Asia, del África y gran parte de nuestra América Latina, no conocen a Cristo y muchos nunca han oído su nombre. No solamente tienen hambre de pan, sino, sobre todo, de Dios.
Para que el hombre viva una vida que corresponde a la dignidad de la persona humana, debe desarrollar las facultades superiores de su espíritu. Si el cuerpo pide pan, la inteligencia reclama cultura. Ahora bien, el 44% de los habitantes de más de 15 años de edad, en estos países, son analfabetos funcionales. Esto significa que más de 700 millones no leen ni escriben. Padecen hambre de cultura. La Iglesia Católica fue siempre la maestra del mundo, la gran promovedora de la elevación cultural del hombre.
Al mismo tiempo que edificaba templos para Dios, levantaban escuelas, universidades, hospitales, escuela de arte y oficio... En las escuelas y universidades de la Iglesia se formaron los más grandes genios de la humanidad. Pero la realidad sigue siendo amarga y la queja de Jesús: “la mies es mucha y los obreros pocos” es un estigma no cicatrizado. Todavía abundan los pueblos que tienen hambre de pan y de Dios. En esta conmemoración del Día Mundial de las Misiones, recordemos que nosotros fuimos enrolados, en el día de nuestro bautismo, para ser los proveedores del pan y de Dios.