El garrote vil

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SALAMANCA. El nombre de la exposición previene que no se trata de un tema reconfortante: “Antiguos instrumentos de tortura” que ocupa en estos días el Centro de Congresos de Salamanca. Un paseo capaz de helarle la sangre al espectador. Sorprende no solo la imaginación que se debió tener para diseñar y construir elementos con el objetivo de atormentar a un ser humano. Pero igualmente sorprendente es que alguien se haya dedicado a guardarlos y coleccionarlos. Sea como sea, la lección es clara: el grado de abyección al que hemos sido capaces de llegar a lo largo de una historia que se prolonga hasta nuestros días. Las noticias procedentes de diferentes partes del mundo dan cuenta que los instrumentos de tortura, quizá estos mismos pero perfeccionados para que cumplan mejor su papel, es decir, para que produzcan mayor sufrimiento, se siguen utilizando.

Coincidiendo con la exposición, se acaba de conmemorar el 40º aniversario de las dos últimas ejecuciones que se tuvieron en España por medio del llamado “garrote vil”, un instrumento del que se cree solo existen cuatro originales en toda la península. Los ejecutados fueron: el delincuente común Michael Welzel, alias Heinz Ches, y el anarquista Salvador Puig Antich. Ambos fueron ejecutados casi a la misma hora el 2 de marzo de 1974, el primero en la cárcel de Tarragona y se cree que fue una maniobra de las autoridades franquistas para distraer la atención de la ejecución de Puig Antich que tuvo lugar en la Cárcel Modelo de Barcelona donde guardaba reclusión.

Puig Antich estuvo acusado de haber matado a un policía cuando fueron a detenerlo por sus actividades políticas, operación en la que Salvador recibió dos disparos en la cara y la víctima recibió el disparo a raíz de un forcejeo. El proceso estuvo marcado por las irregularidades y nunca se solicitó la prueba pericial del proyectil que había causado la muerte del policía. Personalidades de todo el mundo, incluyendo al Papa y al canciller alemán Willy Brandt, pidieron clemencia, pero Franco se caracterizó por hacer oídos sordos a tales pedidos y la condena se cumplió.

Mientras Puig Antich aguardaba en la cárcel el momento de su ejecución, el pintor catalán Joan Miró, el artista español más famoso del siglo XX después de Pablo Picasso, pintó una serie de cuadros llamada: “La esperanza del condenado a muerte”. El grupo de teatro catalán Els Joglars, dos años después de la ejecución, montó la obra “La torna”, que trataba la ejecución de Heinz Chez como distracción del caso Puig Antich. A causa de esto, las autoridades franquistas sometieron al grupo a un consejo de guerra. Es posible que la airada reacción de la gente en contra del proceso y en favor de la libertad de expresión, hizo que el juicio no llegara a mayores.

Si bien se cree que el garrote vil como instrumento de muerte se remonta a la Edad Media, los historiadores señalan su origen durante la República Romana, cuando uno de los responsables de la rebelión de Catilina, fue condenado a morir estrangulado. El método se fue perfeccionando y ya en época de Fernando VII consistía en un collar de hierro que estrangulaba al condenado al mismo tiempo que un tornillo le rompía la cervical produciéndole la muerte. Fernando VII alegó que el sistema de ejecución era más humano que la horca donde el reo tardaba un tiempo en morir en medio de horribles sufrimientos. Pero también es cierto que con el garrote vil la muerte del condenado, que tendría que ser instantánea, dependía, en mucho, de la fuerza del verdugo y de la dureza del cuello del ejecutado.

La fortaleza de la dictadura de Francisco Franco, al igual que todas las otras dictaduras sin distinción de ideologías, se basó, en buena parte, en el terror que inspiraba entre los ciudadanos, agitando la sombra de la pena de muerte que desapareció del Código Penal español según la Reforma del 25 de junio de 1983.

El garrote vil no fue de uso exclusivo de España ya que se utilizó además en Puerto Rico, Filipinas y Uruguay.

Salvador Puig Antich, que tenía solo 26 años cuando fue ejecutado, está enterrado en el Cementerio de Montjuïc, en Barcelona y hace poco se estrenó la película “Salvador”, protagonizada por Daniel Brühl y dirigida por Manuel Huerga que reconstruye estos episodios.

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