En la cinta, “La inocencia de los musulmanes”, de origen estadounidense, se pinta a los seguidores de Mahoma como personas inmorales e irracionales que actúan con mucha violencia y se caricaturiza también a la principal figura de esta religión monoteísta.
La difusión de la película provocó la ira de los fieles del islam que en los últimos días atacaron sedes diplomáticas de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania en Egipto, Libia, Sudán, Túnez y Yemen. Esto desencadenó la violencia que terminó con la muerte de algunos diplomáticos de América del Norte y manifestantes.
Por otro lado, en julio pasado, decenas de católicos fundamentalistas habían atacado y destruido una escuela pública de la localidad mexicana de Nueva Jerusalén, por acusar a la enseñanza laica de ser obra de Satanás. Impunemente, los religiosos se salieron con la suya, dejando a cientos de niños y adolescentes sin posibilidad de estudiar. Esto ocurrió en el año 2012, no es algo quitado fuera de contexto o de algún libro de historia.
En la michoacana ciudad de Nueva Jerusalén, la educación laica está prohibida por “mandato divino”, así como jugar fútbol, leer diarios o ver televisión, según las disposiciones generales. Una parte de sus habitantes dice haber contactado con la Virgen del Rosario para crear una “nueva comunidad” alejada de los vicios y problemas de la sociedad contemporánea. Recién el último viernes, unos 130 niños pudieron iniciar el año escolar improvisado en la ciudad.
“La religión es un insulto a la dignidad humana. Sin ella, habría gente buena haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión”, afirmaba el Premio Nobel de Física Steven Weinberg. Con una visión de una moral irracional de ultratumba, de odio a la materia, que desprecia la vida y enaltece lo desconocido, lo místico y lo ridículamente trascendental, se puede cometer actos violentos en contra de la disidencia.
El pensamiento mágico y el pensamiento religioso se alimentan de la ignorancia, racismo, xenofobia y dogmatismo característicos de cualquier postura pseudocientífica que pretende obviar la ciencia y al mismo tiempo enaltecer la habladuría. Lo que pasa en México y en Oriente Medio es el resultado de la intolerancia religiosa que provoca violencia y odio contra el conocimiento y la libertad individual.
El Gobierno de Estados Unidos, que supuestamente defiende la libertad de expresión, se comporta de manera ambigua y hasta peligrosa cuando se trata de “enfrentarse al mundo musulmán”. En los últimos días, la Secretaría de Estado rechazó la película y aseguró que no se puede frenar su divulgación. El Vaticano, si bien condenó los ataques, no condenó la cinta.
Los monoteísmos aún pretenden hacernos volver a la Edad Media, con su oscurantismo acostumbrado y su intolerancia radical. Los verdaderos religiosos no son abiertos ni tienen una mentalidad conciliadora en el siglo XXI. La guerra, el caos, la destrucción, el desorden y las muertes a causa de creencias en lo sobrenatural continúan impunemente porque no se ha decidido combatir directamente los dogmas, supuestamente intocables, que pregonan.