El juego de las sillas (y del miedo)

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

En la escuela Renacer, de San Antonio, hay unos trescientos alumnos. Y unas 35 sillas. Es casi como un enorme juego de las sillas, ese que se juega en los cumpleaños infantiles, en el que una cantidad de chicos da vueltas alrededor de una ronda de sillas y cuando se apaga la música pierde el que no logra sentarse. Casi. Porque no es juego, sino la realidad cotidiana que viven los alumnos de esa escuela, tal como relata en sus artículos Higinio Ruiz Díaz, el corresponsal de este diario.

¿Qué hizo el Ministerio de Educación cuando vio en la tapa de este diario la foto de un grupo de niños y su maestra dando clases sentados en el piso? ¿Enviarles los muebles? ¿Gestionar los medios para conseguirlos? ¿Buscar que la municipalidad y la gobernación provean el mobiliario con los recursos que reciben del Fonacide? Frío, frío. Lo que hizo fue suspender por treinta días y sin goce de sueldo al director, Bernardo Moreira, y de paso también amenazar con suspender al director de otra escuela, Nuevo Renacer, ubicada a cien metros de la primera.

Se entiende perfectamente la lógica detrás de este acto arbitrario y autoritario contra un docente. No se trata solamente de castigar al maestro a quien se le atribuye la culpa de haber revelado una situación que el gobierno prefiere que esté oculta. La cuestión es, además, enviar un fuerte mensaje a todo aquel docente que se atreva a abrir las puertas de su escuela a las cámaras: va a ser penado con una sanción casi sin comparación, con un tipo de sanción que el MEC se ahorra de aplicar en casos que van desde la negligencia hasta delitos contra la autonomía sexual, cometidos por educadores. La suspensión busca instilar la autocensura en los docentes, coartar su libertad de expresión e instaurar el miedo. Es un acto pedagógico: “para que aprendan”.

Desde el MEC están tratando de instalar diversas versiones, de manera abierta o a través de rumores: que las fotos de los alumnos sentados en el piso “son trucadas”, que son el resultado de un simulacro montado adrede, que se busca “manchar la imagen del gobierno” como parte de la campaña sucia proselitista. Es un cóctel de negación, soberbia e ignorancia. Una de las “pruebas” de que la foto es montada es que algunos chicos aparecen sonrientes. ¡Cómo si sonreír fuera un crimen!
Las autoridades del MEC se excusan en que la sanción no es por haber mostrado a los chicos sentados en el suelo, sino por haber omitido la comunicación de que en la escuela se construyeron dos aulas más. Esas aulas fueron donadas por una fundación, que las construyó sin que el dinero pasara por el director. Suponiendo que el director no haya informado de esta construcción y haya cometido una falta, ¿es proporcional que se lo castigue con una suspensión de un mes, privándolo de sus ingresos? Según el Estatuto del Educador, por la misma falta (negligencia) podía haber recibido una sanción por escrito, o una multa. Astutamente se optó por la sanción más drástica que se puede aplicar sin previa investigación administrativa.

Que falten sillas en las escuelas públicas no es ninguna rareza. El Ministerio de Educación reporta que hay un déficit de 220.000. Este mismo diario ha publicado fotos de alumnos de otras escuelas, en otras ciudades y departamentos en las que no hay suficientes muebles, donde las condiciones edilicias son indignas, donde los espacios educativos gritan rechazo hacia los alumnos. Pero la foto de estos chicos y su maestra sentados en el piso se ganó la tapa del diario y cobró más visibilidad que la habitual. Por eso la sanción fue tan cruda, tan autoritaria y tan rápida.

Por suerte -y aunque no es un consuelo para los docentes que han sido manoseados y que tendrán que ingeniárselas para suplir los ingresos que no cobrarán a fin de mes- si el Ministerio de Educación no se ha dado cuenta de que se terminó la época de las medidas verticales y atemorizadoras, la sociedad respondió demostrando que es más madura y con más espíritu democrático que sus autoridades. Se ve en los comentarios que han dejado los lectores al pie de los artículos que cuentan la historia y también en la actitud de los padres de los niños que se sientan en el piso, que cerraron filas con su director y dijeron: Si suspenden al director, van a tener que suspendernos a todos. La solidaridad como respuesta es lo que corresponde ante los brotes de autoritarismo y que intentan infundir miedo.

ndaporta@abc.com.py