El para, el gua y el y

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Es notable cómo un país como el nuestro, cuyo nombre deriva del agua, no se haya preparado, desde la época neolítica para paliar en algo las inundaciones y tampoco para su contrapartida, las sequías. El agua es siempre un problema en el Paraguay, tanto por la abundancia como por su falta.

El nombre de este país deriva del agua. El “y” significa agua y “ay” significa río. El “para” no está bien determinado. Los que saben aseguran que deriva de la conversión de “payagua”, denominación despectiva que se dirigía a esa tribu indígena que, en su momento, eran los que dominaban el río Paraguay. Entonces el significado consiste en el “río de los payagua”.

Otra acepción y que hasta se enseña en las escuelas da a entender que el “pará” viene del moteado o veteado de sus aguas de tinte turbio. El “gua” que significa lugar y el “y” de agua. A esta altura, o profundidad, no vamos a discutir el origen del nombre de este país ya que existen otros orígenes, solo comentar lo que nos pasa por tener tanta agua y al no tener el líquido en otro momento. O tener agua y sequía al mismo tiempo.

Paraguay es el principal exportador de energía eléctrica del mundo, es cuarto productor de soja y sexto vendedor de carne vacuna del planeta Tierra y alrededores. Todo se circunscribe sobre el agua. Están las represas que nos originan dinero, los royalties y el Fonacide. Que después sirvan para pagar niñeras y nenes de pecho que maman de sus turbinas, cajas jubilatorias podridas, intendentes y gobernadores que le dieron la patada y palada inicial a la pobreza, es agua de otro caudal.

Los cultivos y la producción agropecuaria y forestal dependen del agua. El cuerpo humano es casi un 80% de agua. Se encuentra hasta en los huesos y nuestros dientes y cada ser humano necesita de unos 50 litros de agua por día para el aseo, la comida, la limpieza de la casa y de la ropa. El arroz, uno de los granos más consumidos en el mundo, originó junto al agua, 120 millones de dólares por las 600.000 toneladas producidas en el Paraguay durante la cosecha del 2013.

Las inundaciones que ocurren nos ayudan a recordar que tenemos alma de damnificados y eso origina terreno o agua fértil para los políticos partidarios que siempre deben aportar albergue, colchones, frazadas y alimentos para que todos los años tengamos la misma historia. Si nadamos hasta el otro extremo nos topetamos con la sequía al no aprovechar el agua, a excepción de lo que ocurre con los menonitas del Chaco que nos enseñan lo que se debe hacer cuando llueve y cuando arrecia la sequía.

Hace cerca de 50 años que la entonces Corposana habilitó la estación de bombeo de agua sobre el Tebicuarymí, sobre Ruta VIII, para 8.000 usuarios de Villarrica y Coronel Oviedo, hoy hay más de 20.000 conexiones. La falta de agua ya comenzó hacia fines del 90, en el 2000 se esfumaron los millones de un préstamo internacional y dicen que hoy la planta produce 18 millones de litros/día para casi 100.000 habitantes urbanos de Villarrica, Cnel. Oviedo, Yataity y Mbocayaty. Se necesitan solo de unos 5.000.000 de litros/día. El drama está en las cañerías y en la incapacidad de la Essap. Eso sí, el ente sirve para perder, sin competencia, G. 9.000 millones por mes y contar con 1.900 funcionarios en total.

Con la última lluvia la planta de bombeo de la Essap sobre el Tebicuarymí quedó bajo agua y, paradójicamente, Villarrica no tuvo agua por exceso de agua y en los días sin lluvia, por falta de tubo; pero eso no importa, el año próximo tendremos la misma historia.

El presidente Cartes, en su discurso de asunción al mando, lo primero que solicitó fue agua para aclararse la garganta y si los payaguá siguen disfrutando del agua desde hace siglos, los villarriqueños solo hace 50 años que no perdemos la esperanza.

Es que somos “república aparte” y no formamos parte del “para”, del “gua” ni del “y”...