El pastor sin rebaño

Este artículo tiene 19 años de antigüedad

Es difícil concebir la figura de un pastor si el mismo no tiene un montón de ovejas a su alrededor. Es aun más difícil entender cómo un sacerdote, ungido ya como ministro de Cristo, acepte voluntariamente la altísima misión de ser obispo para siempre y, luego de 12 años de ejercicio pastoral, dé un giro total a su vida y quiera ser dirigente político. Esta nueva y repentina vocación ya es demasiado tardía; la investidura episcopal ya no puede ser cambiada por el pañuelo partidario; sería algo así como que, al festejar sus bodas de plata, el marido quiera escaparse con la hija quinceañera del vecino.