En realidad, hay prostitución en cualquier campo; pero en la política se nota mucho más. Siendo una actividad que supuestamente busca el bien común, la política se corrompe, cuando sus actores y protagonistas solo buscan llenarse los bolsillos usando los medios más perversos. No solamente este oficio se mediocrizó bastante, sino que sufre de un desprestigio impresionante. Lejos de ser una pedagogía, que enseña el servir al pueblo, se convirtió en una profesión que se especializa en servirse del pueblo y apoderarse de los bienes públicos. Por eso que tantos jóvenes sueñan con ser diputados o estar en Aduanas o Puertos. El ejemplo que dieron los que por allí pasaron es que pueden hacerse millonarios de la noche a la mañana. Obviamente, no con un trabajo honesto, sino transfugueando.
La prostitución es una vieja práctica que consiste en dar favores sexuales a cambio de un pago en dinero, objetos, cosas, casas, autos, muebles, ropas o perfumes. Es mentira que las chicas se prostituyen por necesidad económica. Se prostituyen porque no quieren trabajar ni estudiar. No se quieren esforzar ni sacrificar, pero sí quieren todas las cosas que ven, fácilmente. La sociedad de consumo y los medios de comunicación colaboran mucho en ese aspecto. Ofrecen miles de cosas, en los shoopings, supermercados y farmacias. Exhiben a la mujer como un objeto de consumo. La muestran prácticamente desnuda, con movimientos sensuales para vender un auto, una cerveza o una pasta dental.
A medida que la sociedad pierde sus valores y principios, la prostitución penetra en todos los estratos, y tiene buen marketing. Usa la publicidad, las revistas y los espacios de televisión que se dedican a chismes y escándalos. Modelos, gente de la farándula, futbolistas, cantantes, actrices y bailarinas protagonizan cualquier escándalo para ser noticia. Las modelos, lo que menos hacen es trabajar o vender moda o ropa; se pasan, como los políticos, hablando mal unas de otras. Y si tienen oportunidad, se agarran a trompazos con sus contrincantes. Cualquier cosa, con tal de ser tapa en las publicaciones sensacionalistas, que viven de estas bajezas.
Las modelos de ropas, o que son imágenes de un perfume, zapato o champú en Europa, Estados Unidos o Japón, sin embargo, son chicas normales que no buscan el escándalo. Tienen glamour y mucha preparación intelectual. Son grandes deportistas o artistas y dominan varios idiomas. No llenan sus cuerpos de siliconas para sobresalir, porque tienen suficiente materia gris. Son chicas finas, distinguidas, elegantes, preparadas y con esa clase, que se trae de la cuna y de la familia. No son ordinarias, vulgares, groseras ni malhabladas. Ahí está la diferencia.
La política prostituida y vulgarizada también usa mecanismos sutiles para atraer a los incautos. Usa el marketing para atrapar al electorado inocente, que cae en sus redes. La política corrompida no solo roba al pueblo, sino roba sus ilusiones y sueños a los jóvenes. Destruye las esperanzas de la gente, porque estos personajes perdieron la moral y la ética. Y cuando esto último sucede es que la política se parece mucho a la prostitución, por ser ambas actividades tan antiguas y, a la vez, tan modernas.
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