Engripados pero educados

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Comienza oficialmente la época de resfríos y gripes, algo que antes primitivamente las mamás curaban con horchatas, reposo y controlando durante la noche si el hijo tenía fiebre. Esta bella imagen familiar, que algunos dichosos fortalecidos guardan como un tesoro, se ha ido disipando y en su lugar tenemos filas interminables de mamás con sus niños enfermos esperando en hospitales y clínicas. Además del dengue, ahora se nos vienen los casos de enfermedades respiratorias. Tenemos negro el panorama.

Pero también hay que resaltar los derechos del otro lado de la población, el sano, ¿cuál debería ser la actitud de las personas que reciben en la cara la enfermedad? Una cosa es no poner trabas a lo que el cuerpo manda y otra la mala educación de la gente que tose y/o estornuda estruendosamente sin taparse la boca, además de no quedarse a reposar. Antiguamente quizás una vez por año te tomaba la gripe, ahora cada dos o tres meses, por eso el tema de los permisos laborales por prescripción médica se ha vuelto complicado.

Tenemos fotografías cotidianas de los muchos que, eternamente llenos de mucosidad, lanzan escupitajos sin ningún miramiento al prójimo. En un 90% los que escupen son varones, aunque también he visto mujeres de tal calaña. El otro día mientras esperaba el micro en la hedionda (llena de olor a orina), céntrica y “turística” esquina de Benjamín Constant y Pdte. Franco, un hombre escupió desde el colectivo sobre la vereda donde estábamos otras personas. Como es costumbre en el país de la amistad, nadie dijo nada. La minoría educada es víctima de la mala educación. Hay países con ministerios que, a través de ingeniosa publicidad, sanciones y multas, trabajan para cambiar la mentalidad del común; aquí ni las autoridades públicas ni las empresas privadas consideran la educación del ciudadano como un deber trascendental para la convivencia. Claro que no sé si el asqueroso que arrojó su gargajo desde el colectivo estaba engripado, era fumador o ambas cosas, pero la época influye para aumentar este degradante hábito.

Existen decenas de recetas para aumentar las defensas ante la gripe, pero hay que hacerlo antes y no durante ni después. Me recuerdo en una lejana época engripándome cada dos por tres, hasta que dejé de tomar los antigripales de farmacia. También recordemos que el abuso del aire acondicionado en verano no queda impune, el cuerpo devolverá lo que recibió.

Considerando las reglas de buenos modales, es difícil decirle al enfermo que mejor se hubiera quedado en casa porque, además de desganado, tiene dolor de cabeza, está sensible y cuando la mucosidad es mucha, tampoco escucha bien. Así que, por el bien de toda la comunidad, sería bueno que empecemos a cambiar respecto al modo de vida, de alimentación, e inculcar en la familia cómo sobrellevar con altura una gripe en el contexto social. Salud y educación, no solo en la escuela y en la casa, también en la calle.

lperalta@abc.com.py