Éxitos y fracasos de la integración

La Alianza del Pacífico se ha convertido en el más reciente éxito de la integración regional y sería bueno que aprendiéramos algunas lecciones de su gestión. Por más que los países que la integran tengan sus problemas, todos se han beneficiado económicamente de su pertenencia al bloque regional.

La Alianza del Pacífico se propuso en el 2011 y se efectivizó en el 2012, así que está recién en su segundo año operativo. En esos dos años (uno por cada diez de Mercosur) eliminaron el 92 por ciento de los aranceles para sus intercambios comerciales, así que ya tiene una alianza aduanera funcional.

Todos los países integrantes han mejorado sus resultados comerciales y están negociando en bloque para ampliar el intercambio económico con Asia. A los cuatro países fundadores (México, Colombia, Perú y Chile) se está por sumar Costa Rica, que ya inició los trámites, y Panamá también anunció su intención de iniciar negociaciones para integrarse.

Por último, pero no menos importante, tres de los países (Chile, Colombia y Perú) están ensayando una red bursátil común, de manera a facilitar la inversión recíproca y facilitar la trasferencia de capitales y la inversión mutua, ampliando así cada uno sus capacidades financieras.

¡Todo ello en poco más de dos años! ¿Qué ha hecho Mercosur con sus dos décadas, aparte de generar muchos discursos amables y promesas de hermandad? Veámoslo: Crear barreras proteccionistas para evitar la competitividad de los demás países, trasferir crisis mediante devaluaciones, obstruir las rutas comerciales (como las sistemáticas trabas a la libre navegación de los ríos que tanto perjuicios causa a nuestro país), bombear cada negocio que intenta otro país, ya sea industrial, comercial o de servicios.

A nadie puede pasar por alto el agudo contraste: desde cualquier punto de vista racional Mercosur es sencillamente un estrepitoso fracaso, pero no un fracaso de la regionalización, sino de la manera como la han gestionado los países miembros.

Para demostrar este fracaso, de hecho, no hay sino que considerar que sus integrantes de menor volumen económico (Uruguay y Paraguay), en lugar de estar beneficiándose de las ventajas de un mercado regional, están sudando para imaginar alguna fórmula para evitar que, sobre todo la Argentina, pero también Brasil, nos arrastre en su caída.

Hay dos buenos motivos para este fracaso: el primero es que tanto Brasil como Argentina practican sin el más mínimo pudor políticas proteccionistas, incumpliendo los tratados cada vez que les viene en gana.

La segunda causa, no menos importante, es que no se puede basar una alianza económica en una especie de club de aliados políticos incondicionales. Los acuerdos de integración son de interés y conveniencia económica y no de afinidad ideológica y connivencia política.

Los países de Alianza del Pacífico han hecho todo lo contrario: evitar el proteccionismo económico y su asociación no tiene condicionamientos políticos importantes, sino económicos y comerciales; y esa es la clave de su éxito.

De todas formas, los éxitos y los fracasos, en cualquier ámbito, se miden por resultados. Si comparamos Mercosur con la Alianza de Pacífico, para empezar los tratados de Mercosur se firmaron en 1991 y tienen efecto legal desde 1995, así que esta chapuza tiene ya casi veinte años, sin poder mostrar prácticamente ninguno de los resultados que la Alianza ha logrado en menos de dos.

No dudo que la Alianza del Pacífico tiene que gestionar conflictos entre los intereses comunes y los de cada país, pero parece que mientras ellos buscan soluciones satisfactorias para todos, Mercosur parece buscar las mejores fórmulas de “avivada” para sacar provecho de perjudicar al vecino.

rolandoniella@abc.com.py