Los intolerantes creen tener derecho a la tolerancia. Creen tener derecho a ser escuchados sin escuchar, a ser protegidos por la ley sin aceptarla, a ser admitidos sin admitir, a ser aceptados sin aceptar, a ser respetados sin respetar.
Tras el salvaje e irracional atentado contra Charlie Hebdo, dos hechos remarcaron la diferencia entre la intolerancia y la tolerancia. La publicación francesa realizaba un meritorio gesto de tolerancia, poniendo como único título de tapa “todo está perdonado”, pero también un mensaje de firmeza y desafío al hacerlo sobre una caricatura de Mahoma portando la pancarta de apoyo al semanario “Je suis Charlie”.
Entre tanto, un grupo de autoridades religiosas integristas islámicas declaraba héroes a los criminales que perpetraron el atentado. Como ya dije, la intolerancia no necesita argumentos ni razonamientos, le basta con aferrarse a la barbarie para declarar justificados sus crímenes por espantosos e irracionales que sean.
Aunque sin duda el integrismo islámico es actualmente el más notorio de los movimientos que practican una intolerancia salvaje y una violencia incontrolada, no es ni mucho menos el único; es apenas el más llamativo. De ese salvajismo participan no pocos movimientos radicales, tanto religiosos como raciales o políticos, que consideran al crimen como la forma natural de imponer sus convicciones a los que no piensan como ellos.
Me pareció especialmente significativo que la manifestación de apoyo a Charlie Hebdo marchara a lo largo de la calle Voltaire, porque fue ese pensador y enciclopedista francés uno de los más grandes defensores de la libertad individual, que hizo de la tolerancia el eje central ético de su filosofía. A él se le atribuye esta hermosa frase: “Estoy totalmente en desacuerdo con sus ideas, pero estoy dispuesto a defender hasta la muerte su derecho a defenderlas”.
Más de dos siglos después de su muerte, su lucha y su mensaje en favor de la tolerancia continúan estando vigentes y, por desgracia, continúan siendo una lucha y no una conquista para toda la humanidad, como ha quedado demostrado tanto por los que son Charlie como por los que son todo lo contrario.
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