La actitud de Payo

SALAMANCA (España). No apruebo la actitud de Payo Cubas, pues esperamos que nuestros políticos, especialmente los legisladores, sean capaces de mantener una actitud respetuosa con el contrario y discutir, incluso acaloradamente, sus puntos de vista. A pesar de ello, es sorprendente la reacción que ha tenido mucha gente, que salió en tromba a apoyar a Cubas después de protagonizar un escándalo de proporciones en una de las salas del Congreso.

No es la primera vez que Cubas reacciona de manera intempestiva. Ya lo hizo en otras sesiones, pero esta vez fue más lejos, vaciando los botellines de agua que había en el sitio sobre las cabezas de los presentes. El único que se salvó fue el ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, porque el agresor prefirió ocuparse del senador Fernando Lugo, quien, después de recibir su cuota de agua, recibió un vaso de cristal. Lo acostumbrado es que vayan juntos: agua y vaso. Pero esta vez fueron por separado.

La forma en que reaccionó la gente tendría que ser tomada muy en serio por la clase política que, de manera deplorable, se ha venido mostrando, en los últimos años, desafiante. Con una prepotencia ofensiva, despreciando la opinión pública, no ha tenido reparos en verse mezclada en actos de corrupción de toda índole. Es usual ya que se manipule la justicia para lograr la impunidad de sus pares, con la esperanza de que los otros devolverán el favor cuando sean descubiertos en falta.

Un caso próximo es ilustrativo: el presidente de la Cámara de Diputados, Miguel Cuevas (ANR, Añetete), autorizó a su director de Cultura, Enrique Castro, y su directora de Protocolo, Carolin Konther, a viajar, con dinero de la Cámara claro está, a Marruecos, donde se encuentran vistiendo tarbush (turbante) y chilaba (túnica) mientras pasean en camello de acuerdo a fotos que ellos mismos colgaron en sus cuentas de Facebook. Ante las críticas recibidas, Miguel Cuevas declaró a la prensa que ellos traerán cosas nunca vistas, sorprendentes, maravillas, asombrosos portentos que cambiarán definitivamente la historia presente de nuestro país. Habrá que estar atentos, no sea que tantos hechos asombrosos pasen frente a nuestros ojos y no nos demos cuenta. Con tal que traigan una receta nueva para cocinar un buen cuscús o un tajine de cordero sería suficiente.

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La reacción que tuvo Payo Cubas no es otra cosa que la síntesis del hartazgo de la gente frente a los abusos de la clase política. La gente lo ha entendido así y por eso ha salido a apoyarlo con todo el peligro que esto significa. La clase política está convencida de que, por estar ocupando un puesto determinado, tiene “la sartén por el mango y el mango también”, como cantaba María Elena Walsh. Pero también tenía una “Canción de cuna para dormir a un gobernante” al que le aconseja que no se levante, ya que “solo son unas piedras” las que quieren turbar “su sueño grande”.

Estamos acercándonos a ese límite delicado en que el juego democrático se pone en peligro debido a que la gente, harta de ser burlada, maltratada, ignorada por los gobernantes de turno, se muestra proclive a aceptar a cualquiera que le prometa disciplina, orden, una barrera para la corrupción y ciertos parámetros de seguridad. Todo esto, claro está, a cambio de no hablar, no discutir, no criticar, no pensar, no razonar. Son los “hombres providenciales” que se constituyen en la única y soberana ley de la Nación, con una Constitución elaborada en su propia cabeza (“El Estado soy yo”) a cambio de preservar la paz. ¿No les recuerda nada esta frase? “Estamos pagando el precio de la paz”.

Es una advertencia, señores políticos. No es Payo Cubas el que les está agrediendo. Es la gente común la que les está reclamando.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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