Para comprender mejor hechos de esta naturaleza debemos entender antes que nada que vivimos en el presente en una cultura totalmente diferente. Ahora está “prohibido prohibir” y el placer está como prioridad absoluta; dos ingredientes fundamentales que llevaron a la frivolización del amor físico.
Olvidamos que el sexo, desde tiempos inmemoriales, va acompañado de pudor y rituales, además de su carácter privado. Eso es lo que nos diferencia de los animales entre quienes podemos decir que “el sexo es sano y normal”. El sexo, a través del tiempo, ha sido como una obra de arte que nos ha llevado a distinguirnos y nos ha hecho diferentes. Su aspecto privado y secreto entre nosotros es algo necesario si no queremos destruir una de las fuentes principales de intenso placer y de creatividad.
Por eso, es peligroso volver a animalizarnos de vuelta en términos sexuales a través de una excesiva permisividad en materia sexual. Un sexo público, a la vista de todo el mundo, tal vez nos vuelva más “animal”, pero la vida del ser humano, a su vez, puede volverse mucho más aburrida de lo que es y por qué no: mucho más violenta.
Lo que vamos perdiendo en esta cultura que todo lo cosifica y vive solo para divertirse es el erotismo. El erotismo no es otra cosa que ese proceso de des-animalización del sexo. Pareciera que ahora queremos animalizarlo de vuelta, quitándole su privacidad y convirtiéndolo en un espectáculo público. Si esto sucede, la vida sexual se banaliza, se animaliza y además pierde toda sensibilidad y emoción. No es lo mismo un mero acoplamiento sexual desprovisto de sentimientos y elegancia, aunque suficiente para la satisfacción del instinto reproductor. Hacer el amor hoy día está mucho más próximo a la pornografía que al erotismo. Paradójicamente, deriva de una perversión de la libertad del ser humano. Desacralizar la vida sexual es necesario, pero no debe llevar a homologar el sexo a prácticas tan comunes como comer o beber. Eso es lo que lleva a la pérdida de la fantasía y la creatividad en ese acto. Es que se la banaliza tanto en el presente hasta convertirlo en un simple ejercicio físico. Por eso, es muy posible que en nuestro tiempo, una mayor cantidad de personas busquen el placer en otras cosas como el alcohol y las drogas; combinándolos con la violencia.
El amor físico puede enriquecer la vida del ser humano. Para eso, es cierto que debemos liberarlo de los prejuicios, pero no de las formas y ritos que la embellecen. No hay necesidad de exhibirlo a plena luz en las calles o en los clubes. Es necesario preservar su privacidad para llegar a la intensidad de las pasiones y los deseos compartidos. Por eso, no debemos permitir que la cultura del espectáculo nos lleve a reemplazar el vivir por el representar como si estuviésemos de manera constante en un teatro.
Es así como se lleva al empobrecimiento humano. Esta cultura nuestra, banalizada a lo máximo, tiene su origen en el predominio de la imagen y el sonido sobre la palabra. “La cultura es ahora sinónimo de diversión y lo que no es divertido no es cultura”, según Frederick Martel.
Reducir el sexo a una mera diversión, puede llevar al ser humano a insatisfacciones insospechadas. Es por eso que el erotismo debe ser preservado entre nosotros.
*Médico especialista diplomado del Consejo Americano de Psiquiatría y Neurología.
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