La guerra guaranítica

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La Asamblea de los 30 Pueblos realizada este fin de semana en San Ignacio, Misiones, recuerda los 250 años de expulsión de los jesuitas del reinado de España, por orden del rey Carlos III. Los pueblos de las Misiones jesuíticas que tuvieron prosperidad en lo político, económico, social, religioso y cultural fueron desalojados en 1767, por el absolutismo español.

Uno de los episodios que desencadenaron la expulsión, incluso a nivel mundial, fue la guerra guaranítica (1754 a 1756). La contienda fue una resistencia de los indios que se alzaron en armas contra las fuerzas españolas y portuguesas ante el Tratado de Madrid firmado por el rey Fernando VI de España, en 1750. El monarca español consideró “prudente” llegar a un acuerdo conciliador a fin de fortalecer la potencia política y militar. Por eso cedió siete pueblos de las Misiones y las estancias del Uruguay a los portugueses.

Los guaraníes, que fueron perseguidos por los paulistas bandeirantes para llevar a venderlos como esclavos por el Tratado de Madrid, iban a pasar en manos de sus verdugos, los portugueses.

Durante el conflicto, los indígenas enfrentaron al ejercito comandado por el gobernador de Buenos Aires, José de Andonaegui; gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viena, y el gobernador de San Pablo y Río de Janeiro, Gómez Freire de Andrade. Los indígenas estaban al mando de los cacique de Yapeju, Rafael Paracatú; el corregidor de San Miguel, José Sepé y Nicolás Ñanguirú; y el cacique de San Luis de Lonzaga, Cristóforo Acatú, entre otros. Si bien, los aborígenes fueron aniquilados; los siete pueblos y las estancias del Uruguay fueron destruidos, la guerra surtió efecto porque al final ninguno de los pueblos pasó en manos de los portugueses. Y el rey Carlos III, en 1761, durante la guerra de los siete años, anuló el Tratado de Madrid.

La firmeza de los guaraníes hizo temblar al monarca y decidió expulsar a los jesuitas del dominio de España. La guerra de los guaraníes tuvo repercusión histórica porque los aborígenes dieron ejemplo de dignidad, integridad, valentía, coraje y sentido de pertenencia al defender con sus vidas las Misiones jesuíticas.

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