El panorama de hoy es distinto, y quizás más complicado para la ciencia, especialmente en los Estados Unidos. Los recortes presupuestarios de la administración de Barack Obama son históricos y hay un descenso en las investigaciones en las diversas ramas del conocimiento. Hoy son las empresas privadas las que apuestan por crear un mercado para la tecnología aeroespacial y apuntar en alto para futuras misiones complejas, que demandarán mayores estudios en el área. Más allá de eso, Washington todavía lidera el número de descubrimientos y hallazgos en materia de astronomía y astronáutica. Las innovaciones que presentan aún asombran y alimentan millones de sueños e ilusiones.
El problema actual ya no es una carrera espacial. No se trata de ganarle a un país o a otro, sino de buscar proyectos en conjunto que apunten tanto al avance de la ciencia como al desarrollo económico, social y cultural de una determinada sociedad. La globalización y la producción científica nos demuestran que la colaboración multilateral es más enriquecedora a la hora de realizar hallazgos importantes o innovar tecnológicamente algún sector de la industria, el comercio o el mundo entero. La Agencia Espacial Europea así lo entendió y por ello, y muy a pesar de la crisis económico-financiera, todavía apuesta por una gran cantidad de trabajos a nivel continental.
También hay gente que piensa que no se deben destinar altas sumas de dinero a la investigación en astronomía o astronáutica, son las mismas personas que utilizan todas las aplicaciones y productos de la investigación científica de décadas atrás, cuando todavía estábamos limitados en cuanto a confort.
Internet, pasando por los teléfonos celulares, los alimentos abundantes provenientes de la biotecnología revolucionaria, hasta llegar a los medicamentos y los conocimientos en historia.
Estamos a escasos 45 años de la llegada del primer humano a otro mundo. Un mundo que alguna vez fue desconocido incluso para nosotros. Todavía vivimos en un planeta con guerras internacionales, conflictos étnicos y religiosos, además de albergar pobreza, miseria y hambre. Es un planeta con millones de especies que solo buscan sobrevivir en un ecosistema cada vez más complicado y competitivo. Lo que conocemos del Universo es gigantesco en comparación a lo que sabían los sabios de la antigüedad o los científicos del siglo XX, pero es mínimo en relación a lo que desconocemos.
Nuestra ciencia sigue siendo la mejor herramienta para entender lo que nos rodea. Porque nos da evidencia y amplitud, nos despierta de los sueños dogmáticos y nos ayuda a plantearnos nuevas formas de saber y descubrir. Es limitada, claro, como cualquier actividad humana, pero sin ella estaríamos ciegos o a la deriva. Al acecho de los curanderos, chamanes y sacerdotes que esperan ansiosos el reino de la oscuridad. Vivimos en otro periodo, donde el Apolo 11 nos recuerda que podemos lograr grandes cosas.
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