Hace años los desfiles estudiantiles y militares ocurrían exclusivamente en el día de la independencia del Paraguay, es decir, cada 14 o 15 de mayo. El Paraguay se independizó de España y del gobernador Bernardo de Velazco y Huidobro (Burgos 1765-Asunción 1822) y la “presidencia” del nuevo Paraguay se entregó al mismo Velazco para dar origen y maridaje a la gran dependencia foránea que desde ahí tiene este país.
Se comenta bastante que nuestra independencia fue tan tranquila que no ocurrió ninguna pérdida humana y sin derrame de sangre ni cerebral. El hecho de ubicarle al mismo Velazco al frente del país certifica que no hubo necesidad de ninguna neurona bélica y lo único agresivo que se rescata del hecho, pintura y billete de 10.000 guaraníes mediante, es una silla que habrá ido al suelo al levantarse Velazco tras la espera de la ansiada llegada que habrá hecho el español de los revolucionarios paraguayos.
Villarrica fue fundada también un 14 de mayo y el español Ruy Díaz de Melgarejo ni habrá imaginado que, en una fecha similar, el Paraguay conseguiría su independencia. La ciudad tiene esa encimada fecha para realizar los desfiles. Hasta hace poco la corona de laureles, que nunca tiene una rama de laurel, para el fundador de Villarrica se entregaba al Mariscal López que, sin brazos ni merecimientos, recibía de las autoridades de Villarrica por estar ese busto disponible en el sitio del desfile y a don Ruy instalado muy lejos en el barrio Ybaroty. En este mundo de los reveses ya casi pasa desapercibido que el mariscal López reciba una corona en homenaje a la fundación de Villarrica y sin ninguna autorización verbal ni escrita del merecedor, el capitán Ruy Díaz de Melgarejo.
El desfile equivale a un grupo de gente que hace un recorrido a pie, a personas que transitan en algún móvil motorizado o a una caterva que puede ir a caballo con motivo de alguna celebración. El desfile puede ser civil o militar.
En Villarrica, y en casi todo el Paraguay, el preparativo para el desfile estudiantil lleva semanas y las prácticas por las calles la misma cosa. La cantinela de los ruidosos tambores es la señal de no transitar por algunas calles para evitar embotellamientos. Los profesores de educación física usan el silbato para mantener el orden, similar al orden de este país, perdido desde hace tanto tiempo.
Las maestras, mediante la pérdida de clases de sus alumnos por las calles de la ciudad, se ponen al día de los acontecimientos barriales y la sala de la dirección se convierte en el aposento de inagotable fuente de noticias trascendentales de la vida cotidiana.
Después de mucho tiempo de entrenamiento y de pérdida de tiempo llega el gran día. Las y los profesores lucen sus mejores galas, previo paso por la peluquería, la modista, la tienda y la zapatería. Usar los zapatos con tacones deja la impresión de estar caminando por los tobillos y que esos calzados nunca fueron usados en la institución escolar.
Los niños lucen corbatas y prendas que aprobaron el test de la blancura, pero antes del desfile ya quedan sucios y arrugados. El abanderado y la banda llevan el paso y en la cuarta fila ya hay un desbande generalizado.
Es tan lindo ver y aplaudir a nuestros jóvenes, pero, como en los países de verdad, ¿será que no se puede honrar a la patria desfilando con el uniforme diario, sin zapatos, botas ni guantes nuevos, sin peinado globo, sin largos ensayos y pérdida de tiempo y clases, sin tanto gasto y sin el aplauso de muchas autoridades corruptas sentadas en el palco oficial?
De los desfiles militares, se sabe, sirven para perder tiempo, plata y pintar lo que no son…
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