“Los libros satisfacen...”

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SALAMANCA. Es evidente que los apocalípticos (para utilizar la terminología de Umberto Eco) no estábamos tan desencaminados mientras los integrados, vale decir, los domesticados por las nuevas tecnologías, comienzan a entender que estas no servirán, en definitiva, para redimir a la humanidad de la ignorancia y el atraso intelectual. Desde hace algún tiempo se viene insistiendo en este tema, pero el griterío de la euforia informática no nos dejaba hablar.

La prueba de la fragilidad que sufren las nuevas tecnologías como fuente de conocimiento y de pensamiento viene esta semana de la mano del propio Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, la herramienta más eficaz “para mantenerse conectados”. Todavía no se ha definido con claridad para qué esa conexión, pero conectados al fin y al cabo.

El multimillonario Zuckerberg, desde hace algunos años, como cualquier mortal, hace su lista de propósitos para el nuevo año y, a diferencia también de la mayoría, tiene la tenacidad necesaria para cumplirlos. El año pasado, por ejemplo, se propuso estudiar chino mandarín, la lengua materna de la familia de su esposa Priscila. A los seis meses podía responder ya, con cierta fluidez, las preguntas que le hacían en una entrevista. Este año, se ha propuesto fundar un club de lectura y a su llamado ya han respondido 178.000 personas. Todas ellas se comprometen a leer los libros propuestos y comentarlos en la página que se ha habilitado para ello.

Lo más llamativo es lo dicho por Zuckerberg: “Los libros satisfacen intelectualmente y permiten explorar diferentes temas. Te sumergen en situaciones intensas. Me gustaría compartir mi experiencia con vosotros a través de mis recomendaciones de lectura”. Hay agencias noticiosas que han presentado esta frase de otra manera diciendo: “Los libros permiten explorar con mayor profundidad los temas frente a la mayoría de los medios actuales”. Es decir, frente a la idea tan extendida hoy día de creerse uno estar informado por haber leído cinco o seis líneas en alguna página encontrada al azar y sin ningún responsable, frente a la cultura del “I like it” o del pulgar hacia arriba o hacia abajo, venimos a desembocar de nuevo en la vieja técnica del libro que muchos, para justificar su triste ignorancia, vienen rezándole responsos al darlo ya por muerto.

El primer libro propuesto por Zuckerberg para echar a andar el proyecto es “El fin del poder”, de Moisés Naím (el pasado 8 de diciembre escribí un comentario sobre este libro), que ha hecho que en dos días se agotaran todas las ediciones ya sea en Amazon o en Barnes & Noble, la librería más grande de los Estados Unidos. “Se trata de un libro –dijo Zuckerberg– que explora cómo el mundo está cambiando al dar más poder al individuo del que tradicionalmente han ostentado gobiernos, militares y organizaciones. Creo firmemente en esta tendencia y espero que la lectura me ayude a explorarla de manera más concreta”.

El gran gurú de la frivolidad y el entretenimiento fácil ha dado su palabra: debemos regresar a los libros para poder profundizar en nuestros conocimientos. No pueden competir con ellos “la mayoría de los medios actuales”. Por si fuera poco, propone leer dos libros por mes, y les adelanto que el libro de Naím tiene 350 páginas netas, sin contar las notas bibliográficas, el índice onomástico y los apéndices. Para leerlo en quince días, habrá que consumir unas 24 páginas por día. Y, sobre todo, digerirlas, ya que habrá que discutir más tarde el tema con el propio Zuckerberg.

No se debe tomar a la ligera este propósito de quien está en la cumbre de las técnicas informáticas de la comunicación. No solo quienes somos lectores, sino sobre todo los técnicos en educación que piensan que todas sus deficiencias, sus enormes carencias de imaginación y, sobre todo, de planificación, van a ser solucionadas con solo darle un ordenador a cada niño. Sí, denle un ordenador, pero también dos libros.

jesus.ruiznestosa@gmail.com