Lugo y el tío Cándido

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Cuentan que un día un grupo de alumnos de una universidad española le hicieron una broma al "tío Cándido", como le llamaban a un hombre muy bueno que frecuentemente pasaba por un camino cercano, llevando a su burro de las bridas, ya que generalmente no montaba al animal para no cansarle.   


Como todas las veces, el tío Cándido pasaba contemplando y disfrutando de la naturaleza y ensimismado en sus pensamientos, lo que aprovechó uno de los estudiantes para desatar al burro, que se lo llevaron sus compañeros, mientras él se ató el extremo de la cuerda a su cintura. En un momento dado dio un pequeño tirón, lo que hizo volverse al tío Cándido, quien sorprendido no atinó a decir otra que un "Ave María Purísima". El chico le dijo más o menos estas palabras: "Verá usted, tío Cándido, yo era un alumno muy desaplicado, que andaba mucho en juergas, por lo que mi padre me dijo que si no cambiaba de conducta me convertiría en un burro. Eso me sucedió y ahora acabo de recuperar mi condición humana".   
Conmovido el tío Cándido por tan triste relato, le soltó al estudiante, no sin antes hacerle prometer una y otra vez que no volvería a las andadas y evitar así convertirse otra vez en un jumento. El tío Cándido se alejó entre las risas contenidas del estudiante y sus compañeros que seguían la escena desde cerca.  

 
Un tiempo después, el tío Cándido fue a una feria de un pueblo cercano y, ¡oh sorpresa!, vio atado a un poste a su burro, que estaba en venta. Lo primero que se le ocurrió al hombre es que el chico volvió a hacer de las suyas y seguía siendo mal estudiante, por lo que fue convertido otra vez en burro. Entonces, el tío Cándido se le acercó al animal, y hablándole al oído le dijo: "Quien no te conozca, que te compre". Dicen que así nació esta famosa frase.


Este pequeño cuento nos muestra que hasta el más cándido de los mortales desconfía cuando le mienten una vez. Pero el presidente paraguayo Fernando Lugo parece que no quiere aprender y continúa confiando ciegamente en nuestros "hermanos brasileños", en este caso en el presidente Lula da Silva, quien ya a esta altura tendría que tener la nariz más larga que Pinocho por las veces que le mintió a nuestro pueblo.   


En un encuentro del Mercosur realizado aquí en Asunción, cuando Nicanor Duarte Frutos acababa de asumir la presidencia del Paraguay, Lula ya prometió la construcción del segundo puente sobre el río Paraná, y le dijo frente a las cámaras y los micrófonos. "Ojalá, presidente Nicanor, que nosotros inauguremos este puente antes de la finalización de nuestros mandatos". Nicanor ya se fue hace tiempo, Lula se va este noviembre, pero antes nuevamente le prometió en julio del 2009 y le volvió a prometer ahora a Lugo la construcción... ¡del mismo puente! No hablemos ya de lo que firmó y prometió sobre Itaipú que, a estas alturas, aceptar nuevas promesas ya tiene connotaciones masoquistas.  

 
Hasta el más cándido de los hombres, como el tío del mismo nombre, no deja que le engañen más de una vez. Pero por lo visto nuestro Presidente no aprende de la experiencia. Acepta ser sometido de buen grado. Y para más, en medio de ditirambos hacia quien nos vendió varias veces el mismo burro.