Si existiera un plan de asistencia para una coordinación de las tareas entre la Gobernación de Ñeembucú, la Municipalidad de Pilar, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), por mencionar algunas instituciones, apoyados además por el sector privado, el dolor y la angustia hubieran sido más llevaderos. Pero se nota “a la legua” que cada grupo estira para su lado, que cada quien se encierra en su propio proyecto, quizás partidarios con miras a las elecciones municipales del próximo año.
Esta actitud demuestra el espíritu mezquino y la miopía política de parte de los líderes partidarios y autoridades.
Parecen olvidar que la actividad política es de servicio, de búsqueda del bien común, de encontrar soluciones a los problemas comunitarios. Es muy criollo y anacrónico pretender trabajar cada quien por su lado, en vez de unir esfuerzos para lograr una solución comunitaria o al menos evitar mayores sufrimientos a las poblaciones ribereñas que claman ayuda.
Apenas bajen las aguas, o mejor aún ahora, se debe elaborar un plan en el que se incluya la elevación del muro de defensa y adquisición de motobombas con mayor capacidad para desagotar el agua de lluvia y los desbordes del río Paraguay y el arroyo Ñeembucú.
Ñeembucú, un departamento con riqueza natural, cultural e histórica necesita de su gente, pero más de sus autoridades que deben superar las mezquindades y trabajar unidos. El poder político es muy pasajero como para enredarse por simples intereses personales y de grupos. De modo que trabajar en un plan de trabajo preventivo de desastres naturales sería una acertada medida ahora.
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