Modelo de sociedad

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Los educadores familiares y profesionales tenemos la responsabilidad de introducir a los niños en la cultura y en la sociedad en que viven. Al mismo tiempo tenemos también la responsabilidad de prepararlos para que, cuando egresen de la educación formal, sean miembros activos de su sociedad, con vocación y compromiso de contribuir a mejorarla. Dicho de otra manera, la educación debe equilibrar la pedagogía “reproductiva”, que reproduce en los niños la sociedad de la que son parte, y la pedagogía “crítica” que enseña a descubrir las falencias de la sociedad, para ir en busca de otro modelo que las supere.

¿Para qué modelo de sociedad estamos preparando a nuestros niños, adolescentes y jóvenes? 

No podemos presentar la sociedad que somos como modelo ni para el presente ni para el futuro. Hay en nuestra sociedad valores sociales estimables, pero en conjunto, basta recoger los datos oficiales para saber que la tercera parte de la población vive en pobreza y solo ese dato nos descalifica.

Hay que reconocer que nuestra sociedad, en muy pocos años, está viviendo cambios importantes, la mayoría de ellos inesperados. Unos, son positivos, como la pasión por la comunicación interpersonal y social que ha encontrado en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y especialmente con la difusión masiva de los teléfonos celulares en uso invasivo por personas de todos los niveles sociales, un refuerzo y aliado incondicional. En otro orden de cosas hay un cambio de extraordinario potencial positivo en la progresiva, aunque lenta, valoración de las mujeres, al reconocer sus derechos en igualdad con los de los hombres.

Otros cambios son negativos como la aceleración de los movimientos migratorios internos (del campo a las ciudades) y al extranjero; y finalmente otros son dramáticos como el crecimiento de la delincuencia y la criminalidad, la presencia activa del terrorismo avalado como brazo armado de la ideología de algunos políticos, la crueldad de los secuestros, el feminicidio y la violación de mujeres, niñas y niños, la profusión de producción y venta de drogas, el poder corrosivo del narcotráfico y la narcopolítica, la inseguridad, la expansión acelerada de la corrupción, la impunidad, etc…. 

Todos los cambios, positivos, negativos y dramáticos, están condicionando profundamente la vida de la sociedad paraguaya. Y hacen pensar que si todo esto persevera y si continúa la metástasis creciente de la corrupción, que ha contaminado incluso a la administración de la justicia, el horizonte del futuro se presenta tenebroso.

En esta situación, la educación de los menores preparándolos para vivir el futuro, tiene que cuestionarse si estamos dando solamente una educación reproductiva de la sociedad que somos o también una educación crítica y transformadora con capacidad de imaginar, diseñar y producir otro modelo de sociedad bien diferente. Lo indiscutible es que como educadores profesionales debemos tener definida en nuestro sistema educativo la “sociología de la educación”, es decir, para qué modelo de sociedad estamos educando. Y la verdad es que no la tenemos definida. Cada maestra y maestro, profesor y profesora deja caer directa o indirectamente su visión de la sociedad que existe y de lo que él o ella consideran que debe existir, y cada profesor o profesora de ciencias sociales recomienda su texto favorito, pero no consta que haya una sociología de la educación formulada como tal institucional y programáticamente.

Definir qué modelo de sociedad se debe presentar a los educandos en una sociedad pluralista no es tarea fácil, pero tampoco es imposible. De hecho, todos los países organizados lo tienen definido y decidido. En una democracia, la Constitución Nacional en sus artículos fundamentales ofrece los rasgos básicos del prototipo de sociedad que el pueblo ha elegido ser por medio de sus representantes legales en las sesiones de la Asamblea Constituyente. Con los mismos principios, criterios, actitudes y valores con los que se hizo la Constitución y se creó el modelo de Estado social de derecho para una democracia republicana representativa, participativa y pluralista, igual podemos elaborar el modelo de sociedad que queremos ser, en consonancia con nuestra Constitución, nuestras culturas, raíces e historia y con los condicionamientos ineludibles de nuestras coordenadas actuales en el concierto de las naciones. Una educación sin sociología definida coopera con la desintegración social.

jmonterotirado@gmail.com