Como medio de comunicación, de transmisión de ideas, sentimientos y emociones, la palabra es un tesoro valioso. Tanto el lenguaje oral como el escrito dicen mucho de nosotros. Nos pintan de cuerpo entero. Con el uso correcto de las palabras se abren muchas puertas. Es una de las llaves para el éxito laboral, personal e incluso sentimental. En la familia, en el trabajo, en los negocios, en escuelas, colegios y universidades, la palabra es la clave para convencer, conmover, educar, ensalzar, elogiar, elevar el espíritu y entusiasmar, Caso contrario, si el léxico es pobre, prosaico o grosero, no podemos lograr casi nada, y seguro, vamos a fracasar.
Bastante ya tenemos con la violencia verbal entre políticos y en la cancha, como el exabrupto de semanas pasadas de Raúl Zapag, que también cayó muy mal en la población. También la violencia verbal se usa en la familia, entre las parejas y en las redes sociales. La grosería se puso de moda y es hora de que la desterremos de la vida cotidiana.
Pensamos que cuántas peleas, divorcios, enojos, fracasos y odios se pueden evitar si usamos correctamente la palabra. Si la recargamos con buena energía, con amor, dulzura y respeto, eligiendo las frases más hermosas y emotivas. Para eso tenemos que ser buenas personas, educadas, finas, decentes y respetuosas. No tenemos que denigrar la palabra. Ni usarla como herramienta para lastimar al prójimo. Porque las palabras pueden ser como flechas venenosas que al dispararlas matan al destinatario.
Si miramos bajo el punto psicológico nos damos cuenta de que con la grosería sacamos lo peor y lo tóxico que llevamos adentro. Demostramos la rabia, la indignación, la frustración, el odio, el descontento, la impotencia y las debilidades que llevamos en el interior, y eso descargamos, en un arranque de furia ante los demás. Después podemos arrepentirnos, pero puede ser muy tarde. El daño ya no podrá ser reparado.
En el Parlamento, donde supuestamente están nuestros representantes, es donde más se debe cuidar el uso de las palabras. Porque nuestras autoridades deben ser preparadas y cultas para dirigirse al pueblo. Deben poner el ejemplo a niños y jóvenes y no como el diputado Carlos Portillo que se expresa de un modo lamentable o como ocurrió con Zulma Gómez.
El Banco Mundial acaba de informar que estamos en los últimos lugares en educación. Eso lo sabemos muy bien por la forma en que se expresan los jóvenes y los adultos, que no saben hablar ni escribir correctamente. Podemos iniciar una gran cruzada por las bellas palabras, en cualquier sitio donde estemos. Leer más y consultar el diccionario. Vamos a sacar a la grosería de nuestro léxico y estilo de vida y de conducta. Los beneficios serán muchos, sin lugar a dudas.
blila.gayoso@hotmail.com