Esta idea ya había sido presentada por dos legisladores que pretendían convertirla en ley, y sus colegas la rechazaron por inconstitucional. La ministro Marta Lafuente hizo caso omiso y pasó directamente a la acción.
Comenté entonces que, más que desear que los estudiantes tuvieran algún tipo de agremiación que representare sus intereses y sus problemas, era una manera de adocenarlos para manejarlos más fácilmente en caso de que se presentaran conflictos. ¿Sabían, tal vez, en el Ministerio que esos conflictos ya se estaban incubando en diferentes colegios y que los estudiantes se preparaban para mostrar su desacuerdo con las políticas educativas, si es que se les puede llamar “políticas” a una serie de ideas desprolijas?
Días atrás, en el Colegio Cristo Rey los estudiantes organizaron una “sentata” para protestar contra el nivel educativo. No fue la primera protesta, pues ya lo habían hecho en otros colegios que, lastimosamente, no tengo registrados, y ahora se les han sumado los estudiantes del Colegio Técnico Nacional, quienes así protestaron por “el estado de la educación en el Paraguay y la falta de recursos asignados a la enseñanza”.
Héctor Vera, presidente del consejo de estudiantes de este centro de enseñanza, dijo: “Quienes te van a decir dónde está fracasando la educación son estas personas que están sentadas acá intentando dar una clase práctica de formación ética y ciudadana”. Señaló que los estudiantes se reunieron con autoridades del Ministerio de Educación y escucharon sus proyectos (los del Ministerio). “Pero venimos acá y escuchamos a los estudiantes hablando con otra realidad, con otra percepción”, agregó. Los estudiantes se quejan de que la infraestructura en el colegio es muy pobre, los laboratorios no cuentan con insumos que deben ser comprados por ellos mismos para sus trabajos y la última inversión en máquinas para el laboratorio se hizo en 1990. “Estamos tratando de preparar alumnos para el siglo XXI con equipos del siglo pasado”.
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Mientras, el Estado derrocha miles de millones en proyectos demenciales, como la “vuelta al mundo en 80 días” que preparan los del Tribunal Superior de Justicia Electoral para “empadronar” a los paraguayos que viven en el extranjero. Al mismo tiempo, la inoperancia del Ministerio de Educación es fuente de preocupación, ya que, por un lado, piden más recursos y, por el otro, ya en el mes de septiembre, a tres meses de finalizar las clases, ha ejecutado escasamente el 50% de su presupuesto.
Atentar contra la educación es atentar contra la nación. Es peor que una crisis económica, ya que el dinero que se pierde hoy se puede recuperar mañana, o el mes próximo, mientras que lo que no aprenden los jóvenes en el momento en que les corresponde, con toda seguridad ya no lo van a aprender nunca. Pero el Gobierno está muy satisfecho con su campaña de “un alumno, un ordenador”. Hechas así las cosas, sin el acompañamiento necesario, simplemente es tirar el dinero a la calle. No le aprovecha a nadie, a no ser a los políticos que manejan esa campaña, pues les sirve de propaganda a su gestión.
Coincidiendo con estas protestas, el Consejo Nacional de Educación y Cultura (Conec) ha lanzado un libro: “Situación de la Educación Paraguaya”, y sus responsables dijeron que “en el extranjero se duda con fundamento de la capacidad de los egresados que estudian en el Paraguay y, en muchos casos, los empresarios locales recurren a profesionales extranjeros”.
No solo al ministro del Interior hay que interpelarlo por su fracaso en la lucha contra el crimen organizado. También a la ministra de Educación, por fracasar ante el analfabetismo desorganizado.
jesus.ruiznestosa@gmail.com