Jesús había pasado 40 días sin probar alimento. Pero como estaba lleno del Espíritu Santo, estaba muy fortalecido como para luchar y vencer las tentaciones. De hecho, más tarde, el mismo Satanás lo lleva a la montaña, donde le muestra todas las riquezas del mundo, prometiéndole que si se postra ante él, le daría todas esas fortunas, a lo que el Señor, una vez más, se niega, contestando: “Solo ante el Señor, tu Dios, te postrarás y solo a él adorarás”.
Nosotros fuimos hechos a su imagen y semejanza; por lo tanto, tenemos esencia divina. También podemos ayunar y poner fuerte la voluntad, la fe y el espíritu. De esta manera, con mucha oración y sacrificio, podemos limpiar el corazón y abrir las puertas al Espíritu Santo. Nosotros también podemos vestir la ropa de la santidad, que es lo que espera el Señor Jesús. No es una tarea imposible, solo tenemos que entregar nuestras vidas y todas las cargas que llevamos ante la Cruz.
No solo en la Semana Santa podemos dedicar días y horas enteras a leer la Santa Biblia y visitar las Iglesias. Todo el año es propicio para dedicar el tiempo a Dios, ya sea participando activamente en el templo y predicando la palabra. Hay tantas actividades que podemos realizar como obreros de Jesús. Tareas de evangelización y de diferentes ministerios a favor de la comunidad. Estos ministerios pueden ser de enseñanza o discipulado; llevando el mensaje a las cárceles, los hospitales o los asilos de ancianos. En realidad, todos y todas necesitamos de ese poderoso alimento que es la palabra de Dios. Tiene un tremendo poder de curación y de liberación. Entregando toda la vida al Salvador, se conoce un gozo impresionante y una paz infinita. Hay que recordar que nuestro Creador nos dio dones y talentos, que debemos usar para alcanzar la salvación.
“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” posee un enorme significado que vale la pena analizarlo y llevar a la práctica cotidiana. En varios pasajes de la Biblia, también dice que no debemos preocuparnos tanto por las cosas materiales, ya que el Padre conoce nuestras necesidades. “Pedid y se os dará”, promete Dios y no puede fallar en su promesa. En la Iglesia también aprendemos a orar, alabar, pedir y agradecer. Este relacionamiento espiritual es el más importante que debemos establecer con el Creador, puesto que le debemos la vida, la salud, el trabajo, los hijos, los amigos, las plantas y los animales. En fin, todo lo que hay en la tierra, arriba, en nuestro cuerpo y en el corazón. Todo es obra maravillosa de Dios y lo tenemos que agradecer en cada momento.
Cada palabra que leemos en la Biblia conmueve, impacta y llega a nuestro corazón. Definitivamente, puede cambiarnos. De una existencia llena de vanidad, puede conducirnos a una vida gozosa y plena. Las Sagradas Escrituras están llenas de sabidurías, palabras de felicidad, alegría, esperanzas y consuelo. Es la terapia que realmente resulta porque cura todas las heridas mentales y emocionales. El perdón, constituye uno de los dones más poderosos para cerrar las heridas. Perdonarse a uno mismo y perdonar a los demás. Estas fechas, en que recordamos la muerte y la resurrección de Jesús, deben servir para reflexionar y cambiar. No es tiempo para divertirse, ni comer y beber hasta el hartazgo. Es tiempo de arrepentirse y confiar plenamente en Dios. El mundo está lleno de odio, violencias, guerras y crueldades. Nada va a cambiar si no cambian nuestros corazones. Hacen falta más piedad y misericordia. Hace falta más amor hacia el prójimo y hacia nosotros mismos. Hace falta acercarnos más a Dios, para conocer su palabra y el propósito que tiene en nuestras vidas.
Felices Pascuas.
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