Como muestra, si se desea un ejemplo cercano, fue el intento de disculpas que ensayó el diputado colorado Dany Durand al defender a su correligionario José María Ibáñez, al que se le atribuye haber puesto en la nómina del Poder Legislativo a tres personas que trabajan en su casa quinta de Areguá, con un sueldo total de 7.500.000 guaraníes, pero que, según declaraciones de los afectados, no cobran más de 2.500.000 guaraníes. Se desconoce, hasta el momento, adónde van a parar los cinco millones de diferencia.
Dany Durand, en un gesto melodramático de ramplona humanidad, se preguntó ante la prensa: “¿Quién no quiere que su hermano trabaje?” como justificación a estas tres personas. Todos queremos que nuestro hermano trabaje; el problema está en que los legisladores quieren que trabajen sus hermanos, sus hermanas, sus hijos, sus yernos, sus nueras, sus cuñados, sus suegros, sus amantes, sus niñeras, sus cocineras, sus choferes, todos ellos por cuenta del Estado, claro está. Que trabajen, sí, pero que trabajen honestamente, dentro de lo que estipulan las leyes. Es el mismo caso de quienes venden discos y películas pirateadas; cuando en esas rarísimas ocasiones en que la policía se incauta del material falsificado exclaman: “No nos dejan trabajar”. Señores, pueden trabajar con toda tranquilidad, lo que no es lo mismo que puedan delinquir.
Las declaraciones de Dany Durand fueron más lejos: quisieron convencernos que Ibáñez “está viviendo un verdadero calvario”. El calvario lo vivimos los ciudadanos de a pie, los que debemos trabajar todos los días para pagar nuestros impuestos que van a las arcas del Estado y que termina financiando las operaciones ilegales de nuestras autoridades porque ellas quieren que “sus hermanos trabajen”.
Los partidos políticos, de seguir por este camino, entrarán pronto en crisis ante el desencanto de la ciudadanía y la pérdida de confianza de sus electores. Los candidatos a representar a un partido en el escenario político tendrían que aprobar, antes, como mínimo, un examen de lectura comprensiva y redacción de modo que se tenga la seguridad que se expresarán correctamente y que no dirán las tonterías que se creen con derecho a decir porque piensan que todos somos idiotas.
Se creía hasta no hace mucho que la persona que no era capaz de expresarse bien en castellano era porque el guaraní le interfería, pero que en este último idioma era capaz de hacerlo con toda corrección. No creo que esto sea así. Ejemplo de ello lo dio un legislador del PLRA con declaraciones hechas a raíz de las protestas ciudadanas por la negativa de darle el desafuero al senador Víctor Bogado. Es evidente que dicha persona no puede expresarse correctamente en ninguno de los dos idiomas. Se trata de un caso de “afasia” que, según el diccionario de la Real Academia, es una “pérdida o trastorno de la capacidad del habla debida a una lesión en las áreas del lenguaje de la corteza cerebral”. Con perdón de la RAE, quiero en este caso alterar la definición señalando que dicho trastorno no se debe, en estos casos, a una lesión cerebral, sino a una “lesión cultural”. En otras palabras, no tienen la formación necesaria ni siquiera para poder expresarse a través del lenguaje hablado, no importa en qué idioma sea.
En las primeras líneas manifestaba mi temor ante la posibilidad cierta de que los partidos políticos entraran en crisis. Ahora pienso que ya están en crisis, pues han tenido que ir a buscar a quienes les representarán en las cámaras de Diputados y Senadores en la farándula para llevarlos a pasearse en las pasarelas de la política. ¿Se han agotado ya aquellos políticos que salían de la universidad para ser sustituidos por quienes solo pueden lucir ante la ciudadanía su aguda afasia? Si así lo quieren, pues sigan por este camino, pero tengan presente, por favor, que idiotas no somos.
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