No tengo idea de cómo habrá sido “la danza de las cosechas”, pero asumo que si alguien sabe activar los resortes necesarios, logrará que “aúllen los negros”.
Parafraseando a la demócrata Cristina Kirchner en un reciente discurso transmitido a toda la Argentina por la “cadena” de radioemisoras y canales de televisión, “me pegué un susto bárbaro. Me quedé con la tostada atragantada” al ver en las páginas del periódico “El País” una fotografía de la tal demócrata Cristina Kirchner. Sostenía con una mano un ejemplar de este mismo periódico en el que aparecía el ministro de Economía español, Luis Gindos, y con la otra mano señalaba la calvicie del ministro. Abajo se transcribían las palabras de la presidenta: “Miren el pelado ese. ¿Saben que la Unión Europea ha intervenido el Banco Central y ahí está el pelado ese con el dedo señalando. A mí me trajo unos recuerdos que casi me amargan el desayuno. Me quedé con la tostada atragantada, porque realmente me hizo acordar épocas y me hizo acordar políticas, fundamentalmente de intervención”.
Al tratamiento despectivo, insultante a un ministro de un Estado amigo (presumo que Argentina y España mantienen buenas relaciones) no se le dio importancia en España, pues aquí se sabe, mejor que en ninguna otra parte, que tales desplantes juegan en la política interna argentina el mismo efecto que lograba la hermosa Ganga Mghe con su interpretación de la “Danza de las cosechas”.
De todos modos, desde su lejano exilio, Yogurtu Mghe podría explicarle a su tío Oblongo lo que significa una trasmisión “en cadena”. Es un acto obligatorio impuesto por el Gobierno por el cual todas las estaciones de radio y de televisión deben ceder, gratuitamente, el espacio que el Gobierno quiera para trasmitir su propaganda. En pocas palabras, es una incautación del espacio privado; es invadir la propiedad privada para hacer uso de ella en beneficio propio sin ningún tipo de resarcimiento.
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Con estos gestos no solo se interpreta la “Danza de las cosechas”, sino también se busca decir lo bien que se encuentran los argentinos gracias al actual Gobierno que le entrega a su pueblo, generosamente, bienestar y riquezas.
El despacho presidencial de la Casa Rosada tendrá siempre las ventanas herméticamente cerradas para no dejar escapar el aire refrigerado en verano y la calefacción en invierno, y las cortinas siempre echadas para que el brillo exterior, o quizá la realidad, no dañe los ojos de nadie, especialmente de aquellos acostumbrados a ver nada más lo hermosos e inteligentes que son. Será por eso que la demócrata Cristina Kirchner no ve que, a no más de dos mil metros de allí, al lado de la antigua ciudad deportiva de Boca Juniors, pasando un poco el elegantísimo, exclusivísimo y carísimo Puerto Madero, se encuentra la villa miseria “31” en la que no entra ni la Policía ni el correo, ni mucho menos el Estado, al igual que en otras como “Villa 21”, “Villa 1-11-14”. Se acaba de estrenar en España la película argentina “El Elefante Blanco”, que narra la vida en una de estas antesalas del infierno. ¿Será que la demócrata Cristina Kirchner se detendrá a verla, o seguirá preocupada por la “pelada” del ministro de Economía español y la “Danza de las cosechas”?
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