Pague de su bolsillo del revés

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“Cartes ya aportó 12 millones de dólares, dicen” (ABC Color, 6 de octubre de 2016). La información atribuida a una fuente cercana al Poder Ejecutivo (o sea, al Presidente) señala que, en tres años de gobierno, Horacio Cartes “puso de su bolsillo” 12 millones de dólares.

¿En qué concepto se produjo el gasto? Traslados al interior y exterior del país, materiales audiovisuales elaborados en su empresa. El diario, por cuenta propia, recuerda que, antes de ser presidente, Cartes ya tenía fama de “paganini”, y así se cuenta, o él mismo lo sostiene, que financió obras municipales , convenciones o internas partidarias, además de caprichitos de la oposición, como el sonado caso del sponsor para el rally del senador Blas Llano.

Estoy casi seguro que las “fuentes cercanas al Presidente” dieron a conocer este detalle como contribución a mejorar la imagen del titular del Ejecutivo, dada la carrera desatada en busca de llegar a esa meta –algunos dicen– llevando como estandarte la reelección.

No tengo dudas de que el Presidente haya puesto “del bolsillo” varios gastos que debería cubrir el Estado, como por ejemplo los gastos de movilidad o que haya preferido confiar a sus empresas determinadas tareas antes que encomendarlas a la función pública. Tampoco tengo dudas para afirmar que esta no es la forma de gobernar un país.

Lo que Cartes está aplicando es la doctrina en sentido inverso de Eligio Ayala, quien, siendo ministro de Hacienda del entonces presidente José P. Guggiari, recibió de este el pedido de hacer un favor a su secretario. La respuesta de Ayala fue: “Que lo pague de su bolsillo”.

Se espera que los gobernantes y funcionarios sean buenos administradores, y ser buenos administradores no significa ser generosos con la cosa pública ni con las cosas personales. Diferente es el caso de gobernantes que deciden donar parte o totalmente su patrimonio al Estado (biblioteca, residencia, etc.), pero no fondos para cubrir los déficit de su gestión de gobierno. Bueno es advertir también que lo que se dona al Estado queda para el Estado, mientras que lo que se dona al gobierno, se lo lleva el viento.

Lo que se aprecia de un gobernante no es que tenga la capacidad de ser autosuficiente, sino que sea frugal, austero y moderado, y que sea capaz de instalar estos mismos valores en el comportamiento de la función pública teniendo en cuenta la función pedagógica de todo mandatario. Tampoco es suficiente que estos valores adornen la personalidad de un presidente como simple testimonio de vida, sino que tenga el carácter y la voluntad suficientes de imponer esta conducta personal como política de Estado, quitando del presupuesto todos los condimentos que producen y faciliten el derroche.

Es insalubre para la nación que alguna persona en particular y más aun que alguien en ejercicio del poder se haga cargo de los agujeros del presupuesto; en primer lugar, porque denota actitud paternalista frente a la necesidad de un riguroso saldo cero entre ingreso y egreso.

Menos aun en momentos en que el país cuenta con presupuestos anuales deficitarios y que, a manera de solución, se recurre a préstamos externos, con los cuales no solo se cierran los agujeros de una mala administración, sino además se financian las obras y servicios en porcentajes que aumentan exageradamente.

Definitivamente, no podemos pedir que Cartes sea como Pepe Mujica (que tiene hábitos de pobreza), pero pagar de su bolsillo algunas cuentas del gobierno está lejos de ser un gesto de austeridad y moderación. Por el contrario, se puede llegar a convertir en un pretexto para que los funcionarios y políticos roben aún más al Estado para luego buscar la compasión y complacencia públicas donando algunos que otros pesos de sus fortunas malhabidas.

ebritez@abc.com.py